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Mientras Bogotá entra en racionamiento de agua sin tener claro cuándo podrá regresar a la normalidad, es la segunda vez en el año que nos vemos en la obligación de escribir sobre los efectos de la emergencia climática sobre la capital del país. Como con los incendios ocurridos durante enero de este 2024, la pregunta es la misma y va más allá de la coyuntura: ¿estamos listos para lo que vendrá? Porque los embalses están casi vacíos por culpa de la ausencia de lluvias, pero esa situación solo va a empeorar con el paso de los años. Se habla de planes a 60 años, pero queda la sensación de que Bogotá y el resto del país llegaron tardísimo a una planeación que debió empezar hace años.
Después de encabezar el Consejo Distrital para la Gestión del Riesgo y Cambio Climático, el alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, contó la gravedad de lo que ocurre: “El sobrevuelo (del embalse de San Rafael) nos evidenció lo que ya sabíamos en términos del nivel de los embalses... Los embalses están en los niveles más bajos desde que iniciaron su operación en los años 80”. Por esto, “toda la ciudad debe estar en modo ahorro de agua... para poder llegar a la curva de aumento de nivel y que a final de este año tengamos el 75 % de los embalses del sistema Chingaza”. Eso significa que los racionamientos que empezaron ayer se mantendrán hasta que haya seguridad sobre la disponibilidad de agua y dependemos de la lluvia allí donde hay embalses.
Si se siente incertidumbre es por confirmar que es poco lo que las ciudades pueden hacer en momentos de urgencia cuando la emergencia climática se hace sentir. Ahora toda la publicidad del Distrito está concentrada en fomentar el ahorro, lo que es necesario. Sin embargo, llegamos muy tarde a un problema predecible. En entrevista con El Espectador, Natasha Avendaño, gerente de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, dijo que “en Bogotá se consumió agua como si hubiese 500.000 habitantes más, y redujimos el consumo de 18 metros cúbicos por segundo a 17. Ese metro cúbico que disminuyó es importante, pero la meta es llegar a 15 metros cúbicos por segundo”. Es claro que la política de ahorro de agua deberá permanecer incluso cuando no haya racionamientos mandados por el Distrito. Esto requiere campañas de cambio de cultura ciudadana no solo en la capital del país, sino a nivel nacional. Es momento de entender que nuestra relación con el agua debe cambiar. Si no abandonamos el paradigma del consumo desmedido la situación va a empeorar.
No obstante, el cambio cultural no es suficiente. Tiene razón el presidente de la República, Gustavo Petro, en centrar la atención sobre los efectos de la emergencia climática. A las administraciones pasadas y a los gobiernos nacionales les ha faltado visión de mediano y largo plazo: ¿cómo hemos ajustado las ciudades, la capital incluida, a los cambios que vienen? No podemos ir de fenómeno de El Niño en fenómeno de El Niño lamentándonos porque las sequías superaron los pronósticos. Si la inestabilidad es la nueva norma, requerimos inversiones y adaptaciones masivas cuanto antes. No más aplazamientos de la discusión.
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