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¿Y si le damos una oportunidad a la política?

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16 de agosto de 2020 - 05:00 a. m.
¿Y si le damos una oportunidad a la política?
Foto: z_wei
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Colombia necesita un proceso de paz entre facciones políticas. Desde que se anunció la medida de aseguramiento contra el expresidente Álvaro Uribe, los discursos han venido subiendo de tono y las divisiones se han ahondado hasta límites insospechados. Nada bueno puede construir un país a partir de una ruptura política tan cruda.

Desde la Casa de Nariño, a la vez que se llamaba a un acuerdo de unidad, se lanzó una irresponsable campaña de defensa al líder del Centro Democrático. Desde la oposición, por su parte, las celebraciones que ha causado la decisión dejan ver una sed de venganza que poco tiene que ver con guardar el debido respeto a las instituciones. Con unas elecciones ya en el horizonte, en medio de una pandemia que nos está dejando ante la peor crisis humana y económica en mucho tiempo, sería útil aprender de las lecciones del proceso en La Habana y sentarnos a conversar sobre la política, sus formas y cómo vamos a evitar que se incendie el país.

Tenemos que ser claros: hemos apoyado y seguiremos respaldando a la Corte Suprema de Justicia. Su comportamiento en el proceso del expresidente Uribe ha sido juicioso, íntegro y con garantías constitucionales. La justicia tiene que seguir su rumbo y llegar a la decisión que los magistrados consideren con base en el acervo probatorio. Eso no lo ponemos en duda.

Lo que preocupa es que, en el discurso y la estrategia política, hay muchas voces pidiendo patear la mesa, despedazar la institucionalidad y entronar las diferencias ideológicas como si fuesen declaraciones de guerra. Si seguimos así, entre amenazas de alzamientos en armas y discursos de superioridad moral, ¿cómo pretendemos tener un país en paz? ¿Qué va a pasar cuando la Corte tome una decisión final y los inconformes, sean del color que sean, salgan a gritar que fue una decisión ilegítima, que hubo una conspiración, que es otra prueba de que en Colombia no hay forma de tener instituciones decentes? ¿Vamos a enfrentar la crisis que se viene por los efectos del COVID-19 divididos en una polarización irracional?

El espacio para el proceso de paz que proponemos no es una constituyente; tampoco una reforma a la justicia, que ha quedado marcada por este caso. El presidente, Iván Duque, abandonó su oportunidad de liderazgo y unión al convertirse en un fiel defensor del expresidente Uribe y tomar partido en contra de la Corte Suprema de Justicia. La política en este momento está contaminada de extremismos y lealtades que no están poniendo al país primero.

El momento exige liderazgos potentes y con visión de futuro que permitan y provoquen conversaciones abiertas. Lejos de la “mermelada”, del devenir del Congreso, de los discursos grandilocuentes. Necesitamos que esos líderes hablen y discutan hasta encontrar puntos de acuerdo y maneras civilizadas de tramitar las diferencias. Cuando creemos que el opuesto es un enemigo, la respuesta fácil es tratar a toda costa de destruirlo. Pero este país no aguanta que sigamos destruyéndonos.

Ya en el pasado se han anunciado pactos, pero no han sido sinceros. Una manada de partidos fueron a la Casa de Nariño a promover un pacto de no agresión en las pasadas elecciones, que terminó en la misma politiquería de siempre. El paro nacional desencadenó una Conversación Nacional que se sintió más como un torneo de monólogos. ¿Cómo será la próxima campaña? ¿Fuego y furia? ¿Y después qué nos quedará? Si queremos paz, tenemos que entender que en Colombia vivimos todos, desde el uribismo hasta la izquierda radical, y tenemos que empezar a hablarnos. De lo contrario, nada bueno vendrá.

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