Por: Luis Carlos Vélez

El artículo de “The New York Times”

El episodio de los falsos positivos del 2008 es uno de los más oscuros de nuestra historia en Colombia. Volver a esa práctica sería una cachetada al país, una burla a la sociedad y la confirmación de que en nuestra dolida Colombia no aprendemos de los errores del pasado.

Desde la semana anterior se rumoraba que una importante publicación vendría con una bomba en contra del ministro de Defensa y que contenía información sobre el supuesto regreso de los falsos positivos. A esto se sumó el anuncio de la oposición de que aplazaba el debate de moción de censura al ministro Botero por la llegada de nueva información. Todos estábamos a la espera.

El sábado por la mañana cayó la publicación. Un artículo del prestigioso The New York Times firmado por el experimentado reportero de guerra Nick Casey, con el título “Las órdenes de letalidad del Ejército colombiano ponen en riesgo a los civiles, según oficiales”. El escrito, basado en el relato de dos oficiales, establece que en las filas del Ejército se vive una “intensa presión” para dar resultados y que “este año ha comenzado a surgir un patrón de asesinatos sospechosos y encubrimientos”. Gravísimo.

Sin embargo, el escrito no mostraba el documento al cual se hacía referencia y que, según el Times, se le hizo firmar a generales y coroneles para intensificar los ataques. Como corresponde, solicité vía Twitter revelarlo, ya que era una omisión central en la investigación. Sacrilegio.

Después de un día de insultos por redes, principalmente condenándome por haber tenido la osadía de pedirle ampliación de la información a uno de los periódicos más importantes del mundo, El Tiempo publicó el documento. Se trata de una hoja en la que, bajo “Asunto: envío planteamiento de objetivos 2019”, se pide calcular a priori el número de afectaciones para el 2018 y 2019.

Una primera vista del requerimiento por escrito pareciera no tener problema alguno, pero en el marco de los falsos positivos del 2008 es una solicitud a lo menos desafortunada, ambigua y carente de sensibilidad. No puede ser que cuando no se ha terminado de cerrar la herida de uno de los capítulos más oscuros de nuestra nación, se estén pidiendo este tipo de cálculos.

Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Con solo este documento y el artículo de The New York Times, es también un supuesto muy amplio asegurar que los falsos positivos están de regreso. Para esto se tendría que investigar mucho más y encontrar pruebas contundentes de hechos reales que muestren una práctica sistemática de las Fuerzas Armadas. Reitero: si es así, seré el primero en condenar el hecho, pero no nos pueden obligar a todos a bailar la danza de que si lo dicen algunas vacas sagradas, ergo es cierto.

Esta semana presenciaremos otro gran debate sobre el tema ambientado por el artículo del Times. Anticipo que los que están buscando la salida de Guillermo Botero no han calculado que Néstor Humberto Martínez pueda terminar siendo cabeza de esa cartera. Seguirá la historia sin fin.

Coda. Solo dos días antes de las elecciones presidenciales del año pasado, Casey publicó como noticia un refrito de hace ocho años sobre cables desclasificados que relacionaban a Álvaro Uribe con el narcotráfico. Hubiera sido más que legítimo si lo hubiera publicado en la página de Opinión del diario, pero como noticia dejó el tufillo de querer tomar partido en los comicios parapetado en el prestigioso diario. Lamento que Casey tuviera que abandonar el país por amenazas. Acá definitivamente no sabemos discutir.

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2019-05-19T15:37:48-05:00

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2019-05-20T12:55:38-05:00

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El artículo de “The New York Times”

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