Ángela María Robledo: ¿por qué el Consejo de Estado le quitó la curul en la Cámara?

hace 2 horas
Por: Tatiana Acevedo Guerrero

El baile de los de siempre

El presidente conservador Betancur Cuartas eligió a Guido Borrero como alcalde de Barranquilla para el período de 1984-1986. En 1984, Borrero inició conversaciones con el Banco Mundial y solicitó financiamiento para un gran proyecto que enfatizaría la “rehabilitación financiera” de las empresas de servicios públicos y la extensión de infraestructura de agua y alcantarillado. Según un informe del Banco Mundial, las autoridades locales estaban “preparadas para apoyar los esfuerzos de rehabilitación, ya que reconocían la necesidad de medidas drásticas para revertir el deterioro de los servicios públicos”.

La implementación del proyecto coincidió con la primera elección popular de alcaldes. Esta impactó gravemente las obras de expansión de redes porque la infraestructura comprada e importada se usó, entre otras cosas, para hacer campaña. La campaña fue particular, ya que se disputó entre dos primos hermanos: Jaime Pumarejo Certain, del Partido Conservador, y Gustavo Certain Duncan, del Liberal. Hubo quienes repartieron tubos por futuros votos y quienes agarraron de los fondos del proyecto para gastos electorales. Una vez en la Alcaldía, los días en el cargo de Pumarejo Certain fueron pocos. Solo dos meses después de empezar fue acusado de fraude y el Consejo de Estado le dio el triunfo a su primo, Certain Duncan. Al final, con el bipartidismo concentrado en la gesta y los votos, no hubo quién ejecutara reforma alguna y la plata del préstamo se despilfarró. Además de la rapiña de tuberías y fondos, hubo presión de los grandes consumidores del sector comercial e industrial de la ciudad para no instalar medidores de agua en sus predios. Así, se importaron 50.000 medidores de agua y simplemente se almacenaron en bodegas.

Debido al balance negativo del proyecto, se llevó a cabo una rendición de cuentas. Los primeros en hacer una acusación fueron las élites económicas locales, unidas en el Comité Intergremial, que representó los intereses de constructores (Camacol), industrias de metal (Fedemetal), industriales (Andi), comerciantes (Fenalco y Cámara de Comercio), banqueros (Asobancaria) y ganaderos (Asoganorte). El comité, dirigido por Efraín Cepeda (hoy miembro del conservadurismo que criticaba entonces), acusó a los partidos tradicionales de la situación de los servicios públicos y propuso la privatización de la empresa de agua.

Los partidos locales se defendieron diciendo que las élites económicas no eran inocentes, pues además de tener participación dentro de la junta directiva de tales empresas, llevaban años bloqueando la instalación de medidores en sus locales e industrias. A mediados de 1991, el gobierno central de Gaviria aprobó la privatización promovida por el Comité Intergremial. El Comité celebró, vaticinando la “recaudación de millones con la venta de acciones” y declaró que “todos los que no estén de acuerdo con la propuesta están frenando el desarrollo”. Posteriormente se creó la Triple A, que contó entre sus primeros accionistas con comerciantes e industriales locales.

Pero la ruina y liquidación de la empresa pública de agua había afectado también a la de electricidad. Durante sus últimas décadas de existencia, la empresa de agua había acumulado una deuda millonaria con la empresa pública de distribución de electricidad, Electranta. Esto debido a los altos costos de electricidad consumida en el acueducto para bombear agua. Entre 1984 y 1988, por ejemplo, las facturas de electricidad del acueducto representaron el 16 % de sus gastos totales. En el momento en que la empresa de agua fue privatizada, esta había acumulado cientos de facturas de electricidad no pagadas. Al ser vendida a privados, la nueva compañía de agua Triple A se negó a pagar deudas del pasado. Poco después la empresa pública de electricidad fue liquidada y se creó Electricaribe.

Muchos factores contribuyen hoy a la mala calidad de los servicios públicos en muchos barrios de Barranquilla. Entre ellos, escándalos de corrupciones puntuales e internacionales y la poca inversión del Estado central. Es incongruente, sin embargo, ver hoy al Partido Conservador como el adalid de la causa energética (contra Electricaribe). O ver a la dinastía de hombres de negocios Char presentada por todas partes como la salvadora de la ciudad y sus infraestructuras. Son ellos, primos con apellidos y élites económicas de siempre, los que están en el corazón y el inicio de estos problemas.

 

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