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El cartel de la toga

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Francisco Ricaurte comenzó su carrera siendo un modesto empleado de un juzgado de Cartagena que estaba a cargo de Gustavo Malo. Estudió Derecho y luego llegó al mismo cargo que tenía su empleador. Al poco tiempo lo superó porque pudo ser en Bogotá magistrado auxiliar, magistrado titular y presidente de la Corte Suprema de Justicia. Tan agradecido quedó con su antiguo jefe que lo ayudó para que llegara también al alto tribunal, en la Sala Penal. El elegido resultó no solo Malo, sino peor.

Como presidente de la Corte, Ricaurte se hizo famoso por una foto publicada en la prensa en donde aparecía en un acto religioso con Álvaro Uribe, arrodillándose frente al Santo Sepulcro o ante el presidente eterno. Concluido su período logró llegar al Consejo Superior de la Judicatura, igual que Pedro Munar, su compañero de la Corte, elecciones que anuló el Consejo de Estado porque llegaron allí mediante el voto de los mismos magistrados que ellos habían elegido, en una conducta que se conoció como la “puerta giratoria”.

Ricaurte y Malo han sido procesados y puestos presos por sus actitudes non sanctas. Munar sigue empapelado sin que aún se le defina su situación jurídica. De ese llamado cartel de la toga también hacía parte el tristemente célebre Leonidas Bustos, prófugo de la justicia, quien se encuentra en Canadá en vez de estar encanado.

Como Ricaurte no podía quedar en átomos volando, cuando lo sacaron del Consejo de la Judicatura le dieron un contrato en Fonade, de donde se desprende que le dio resultado su arrodillada y recibió la ayuda del más allá.

Otro miembro del cartel de la toga es el exmagistrado de la Corte Constitucional Jorge Pretelt, quien fue postulado para esa magistratura por Uribe, luego de que el mismo mandatario lo había ternado para fiscal, sin éxito, afortunadamente para el país y la justicia. Fue destituido y también está procesado.

Luego, ¿quién creó el cartel de la toga? ¿La actual Corte Suprema de mafiosos?

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