5 Apr 2021 - 3:00 a. m.

El caso contra la primera dama no está probado

Consuelo Corrales

En respuesta al editorial del 24 de marzo de 2021, titulado “La populista estrategia de desacreditar a la prensa”.

¿Qué debería preocupar más a la prensa: las descalificaciones de funcionarios del Gobierno o la integridad del servicio que está obligada a prestar a los ciudadanos? Porque la mejor defensa contra lo primero es lo segundo. Así ocurrió recientemente en EE. UU.

La prensa tradicional norteamericana no estaba contenta con el estigmatizante mote de “enemiga del pueblo” que le colgó al cuello el expresidente Donald Trump. Tampoco con el constante martilleo de las fake news. Pero entendió que su credibilidad se defendía con el trabajo riguroso de todos los días, con el apego a los hechos y a los más altos estándares del oficio. Su malestar fue secundario.

El editorial de El Espectador se enfoca en lo que denomina “la populista estrategia de desacreditar a la prensa”, sugiriendo que funcionarios del Gobierno están adoptando el libreto de Trump de tildar informaciones desfavorables de “noticias falsas”. En el centro está la denuncia de Noticias Uno sobre una supuesta intención de la primera dama, María Juliana Ruiz, de hacerse publicar un libro autobiográfico con cargo al presupuesto del Archivo General de la Nación. El diario encuentra la denuncia bien sustentada.

Mantengo que no es así. La reportería de Noticias Uno no se sostiene.

Fueron tres informes. En el primero, absolutamente nadie confirma la información on the record. Extrañamente, se omite hablar de esfuerzos por obtener el pronunciamiento oficial e intencionalmente no se publica la captura de WhatsApp (de cuya existencia nos enteramos en un segundo informe, una semana más tarde) que registra el intercambio con el señor Enrique Serrano, director del Archivo General de la Nación. Tampoco se informa si se trató de obtener la reacción de la primera dama, algo elemental. La reportera usa video de archivo y confunde a la audiencia con declaraciones descontextualizadas de la señora Ruiz, las cuales edita forzadamente para hacerlas funcionar en su nota. Para completar, se refiere desdeñosamente a la pareja presidencial como “la señora Duque” y “su marido”, expresiones que no se ajustarían a ningún manual de estilo, pero que sí revelan su animadversión personal hacia el presidente y la primera dama.

Tras una semana de desmentidos, comunicados y reacciones, Noticias Uno emite un segundo informe. En él, presenta como “prueba” de la veracidad de su denuncia el chat de WhatsApp que no publicó en el informe original. Téngase en cuenta que ese chat existía no solo en el celular de la reportera sino también en el del director de la entidad. Desde luego, el señor Serrano sabía que podía ser publicado en cualquier momento. Con todo, hizo declaraciones a los medios inconsistentes con la interpretación del noticiero. A El Espectador le parece un intercambio inequívoco.

Sostengo que el intercambio consignado en ese chat no es concluyente. Si se lee cuidadosamente, puede notarse que quien usa la palabra “autobiográfico” es la reportera, no el señor Serrano. Su respuesta confirma que hubo una reunión y que hay una investigación incipiente. No necesariamente la naturaleza del proyecto o de la publicación. Una respuesta inducida de sí o no a una pregunta con múltiples datos (reunión, fecha, persona que hizo o recibió la solicitud, naturaleza de la publicación, etc.) es un anzuelo para pescar una confirmación. No es la historia ni basta como prueba de los hechos. Las historias tienen múltiples elementos y una reportería honesta los pone todos a consideración de la audiencia sin opacidades.

Para ilustrar, este intercambio hipotético:

Reportera: ¿usted disparó en ese bar alrededor de las 10 p.m. un revólver calibre 38 en medio de una riña con otros dos hombres?

Acusado: en efecto, ayer en la tarde intentó atracarme un sujeto...

Noticia: “Pistolero admite a este noticiero haber disparado revólver calibre 38”.

¿Le concedemos un Pulitzer por develar “la verdad”?

Que la primera dama haya hecho esa solicitud, personalmente, me resulta dudoso. Es una señora de maneras discretas y algo así estaría completamente fuera de carácter. Me inclino a pensar que, en efecto, la sugerencia fue publicar un libro sobre la gestión social de las primeras damas en el último siglo y que alguien la tergiversó malintencionadamente. Por lo demás, considero que es una buena idea y que sería de gran interés. Pero esa es mi intuición. Mi cuestionamiento aquí es sobre lo reportado.

En un tercer informe, Noticias Uno ventila su inconformidad con la reacción del Gobierno y considera probado, más allá de cualquier duda, que su noticia es cierta y no falsa como lo indicó el consejero presidencial Hassan Nassar. La prueba es un flaco “en efecto”.

La manera como un gobierno responde al escrutinio de la prensa no exime a la prensa del escrutinio de la opinión pública. Mi argumento como ciudadana y periodista contra el editorial del El Espectador es su candidez frente a las tácticas reporteriles usadas en este caso. Las juzgo calculadas, maliciosas y tendenciosas.

Más que una preocupación por supuestas estrategias de descrédito del Gobierno, el interés debería estar en la integridad del servicio a la audiencia, la lealtad a los hechos y el apego a las mejores prácticas periodísticas. El prestigio y la credibilidad se pierden fácilmente pero no dependen de lo que diga el Gobierno sino de los propios medios. Así lo entendió recientemente la prensa norteamericana.

* Abogada y periodista colombiana residente en Estados Unidos.

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