Por: Daniel Mera Villamizar

El centro entre mayorías y minorías

Es hora de detenerse, evaluar y tomar decisiones al margen de lo políticamente correcto.  

Como escribió el chileno Andrés Velasco, citando a Giddens, el centro que vale la pena “tiene una ideología clara e ideas propias”, no es una simple combinación de postulados de derecha y de izquierda. ¿Cuál sería el centro, en Colombia, entre la ciudadanía universal y las llamadas ciudadanías diferenciadas?

Hoy parece que la modernidad liberal tiene muy pocos intérpretes y al proyecto multiculturalista le sobran. Que defender las causas de las minorías es de izquierdas y ser críticos de aquellas, de derechas, sin importar los términos. Las cosas se han confundido mucho. Y la orfandad intelectual de las mayorías ha salido costosa.

La explotación del subsuelo de la Nación decidido por comunidades locales. El desarrollo de la infraestructura retrasado por comunidades culturales imaginadas. El principio de representación democrática suplantado por vocerías étnicas para millones de colombianos. La tolerancia de la violencia en el activismo de minorías por la tierra o el animalismo. Llegamos a un punto en el que tenemos que reflexionar y decidir sobre este rumbo.

No se trata de mayorías sofocando a minorías. Ni de minorías sometiendo a las mayorías. Se trata de una situación indefinida en la que todos perdemos. Salvo los grupos indígenas (y se respeta y valora su autonomía cultural), todos los demás colombianos se supone que queremos una sociedad moderna, desarrollada, de clases medias, en la que podamos disfrutar las múltiples manifestaciones del espíritu y la cultura de la humanidad.  

Se supone que hemos confiado al Estado una parte sustancial de la construcción de esa sociedad deseada. Primero tenemos una agenda material porque en la pobreza los ciudadanos no pueden ejercer las libertades y elevar su espíritu. Tenemos o teníamos un acuerdo cultural básico sobre lo que entendemos por bienestar, por progreso, y ahora hay que volver a discutir el asunto, hasta para llevar energía eléctrica. El Estado es nuestro instrumento de la agenda material.

Pero, un tanto inadvertidamente, hemos vuelto al Estado también un instrumento de la agenda posmaterial de la creación de identidades, que son un campo de batalla en el cual no debería tomar partido. No hemos consolidado la ciudadanía de colombianos, que es nuestro acuerdo identitario fundamental, y el Estado, en vez de ser neutral frente a la invención política y social de identidades étnicas, las promueve, llevándonos a la confusión actual.       

Kenan Malik apunta en Letras Libres que las raíces de las políticas identitarias son “largas y reaccionarias, y alcanzan hasta la contra-Ilustración de finales del siglo XVIII. Estos primeros críticos de la Ilustración se oponían a la idea de los valores humanos universales y defendían valores particularistas representados en identidades de grupo, en particular el nacionalismo y el racismo”.

Sin embargo, nuestros particularistas y “contramayoritarios” se creen de la tradición más progresista. Llevan dos décadas largas dictando lo correcto y estamos en estas. Hay que buscar un centro verdadero para esta aparente dicotomía.  

@DanielMeraV

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