Por: Arlene B. Tickner

El circo del G20

El G20 se autodescribe como el foro para construir consenso y cooperación entre sus integrantes –19 países, más la Unión Europea, que representan un 85 % del PIB, 80 % del comercio y alrededor de dos tercios de la población global- sobre los temas más importantes de la agenda económica y financiera internacional. Por más elitista –sus encuentros son célebres por su pomposidad y gasto– y no representativo –integra a todas las regiones del mundo, pero es desigual la membresía en él-, su peso es indiscutible. Además, alguna que otra vez ha obrado como espacio de concertación entre algunos jefes de Estado miembros frente a objetivos comunes loables. Es el caso, por ejemplo, de los intentos de Trump, el año pasado, en la cumbre de Hamburgo, por entorpecer cualquier expresión de unidad frente al tema del cambio climático –dado el retiro de Estados Unidos del acuerdo de París– ante lo cual actores disímiles como China, India, Rusia y la Unión Europea se juntaron para declarar su apoyo irreversible a este.

Por primera vez, el anfitrión de la próxima cumbre del G20 será sudamericano. Si bien el presidente Macri anhelaba vitrinear los logros de su gobierno en disciplina fiscal, apertura comercial y política exterior, entre la crisis económica argentina y la suspensión de la final de la Copa Libertadores, por la incapacidad de garantizar la seguridad de los jugadores y los espectadores, difícilmente logrará dicho cometido. Tampoco hay que esperar mucho de la agenda propuesta por Argentina, que fue concertada con otros países de América Latina, con miras a posicionar el debate sobre el desarrollo justo y sostenible, e incluye temas neurálgicos como el empleo, la infraestructura y la alimentación. La elección de Bolsonaro en Brasil y de AMLO en México -los otros dos miembros del G20 – plantea gran incertidumbre acerca del futuro de la acción latinoamericana en el organismo, así como de sus relaciones, en general. Mientras que el primero ha prometido acercarse a Trump y minimizar la participación en esquemas regionales de integración, no es claro qué hará el segundo en lo que el vecindario respecta, aunque se anticipan choques con las políticas de ultraderecha que prontamente tendrá Brasil. Por su parte, en Buenos Aires, Trump presionará sobre Venezuela y la ayuda cubana al régimen de Maduro, problema que tratará en simultánea el asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, con Bolsonaro, en Río de Janeiro.

Una serie de otros espectáculos paralelos al G20 también se van a robar el show. Entre estos caben destacar: la guerra tarifaria entre Estados Unidos y China (aunque esta sea la primera visita de Trump a nuestra región, en realidad su esperada cena con el presidente Xi pesa más); el encuentro entre Trump y Putin, sobre todo a la luz de las agresiones más recientes de Rusia a Ucrania; la polémica participación del príncipe heredero saudí, MBS, sospechoso de participar en el asesinato del periodista en Estambul, a quien las ONG de derechos humanos piden arrestar y quien busca reunirse con su acusador turco, el presidente Erdogan; y la firma del nuevo Nafta.

En las circunstancias descritas, difícilmente habrá una declaración final consensuada y robusta, lo cual no significa que el circo del G20 en Argentina no será bastante entretenido.

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2018-11-27T21:00:00-05:00

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