Por: Luis Felipe Henao

El coeficiente de Gini y el fascismo

Latinoamérica es una de las regiones con más problemas del planeta. La pobreza, la violencia, el desempleo y las epidemias arrecian en un subcontinente donde cientos de miles de niños mueren de hambre. Sin embargo, estas desgracias han cedido su espacio en los debates políticos y sociales a la desigualdad. Este discurso se basa en que, según el índice creado por el famoso estadístico italiano Corrado Gini, Latinoamérica es la región más desigual del mundo. ¿Quieren saber quién era ese hombre cuyos postulados hacen tambalear a los gobiernos de todo el continente? Uno de los fascistas más influyentes de Europa.

Corrado Gini fue un estadístico italiano y amigo personal de Benito Mussolini quien, obsesionado por sus trabajos sobre demografía y eugenesia, lo nombró director del Instituto Nacional de Estadística en 1926. En 1927 publicó el libro Las bases científicas del fascismo y fue nombrado presidente de la Federación Internacional de Sociedades Eugenésicas, cuyas ideas inspiraron el Holocausto y la mal llamada higiene social en Italia y Alemania. Racista consumado y enemigo de la inmigración, escribió la siguiente “perla” en su libro The Cyclical Rise and Fall of Population:

“No puede ser negado que los mulatos son generalmente intermedios entre blancos y negros, consecuencialmente superiores en conjunto a los segundos e inferiores en relación con muchos de los rasgos en que los blancos son superiores; superiores a los primeros e inferiores a los segundos en esos pocos caracteres en que los negros sobresalen”.

Como señalaba por esa época Ortega y Gasset, la lucha por la igualdad sin tener en cuenta la individualidad de las personas solo lleva a la obsesión por la estandarización de los individuos en raza y pensamientos, buscando crear masas informes a quienes dominar, como sucedió en esa época en Italia y Alemania. Para este célebre filósofo español: “Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo —en bien o en mal— por razones especiales, sino que se siente ‘como todo el mundo’ y, sin embargo, no se angustia, se siente a saber al sentirse idéntico a los demás”, lo cual se logra con la igualación radical tan anhelada por algunos.

Sin embargo, las tesis de la igualación radical de la sociedad fueron abandonadas en los años 40 por ser fascistas y llevar a los pueblos a la miseria y a la opresión. Por ello fueron reemplazadas por discusiones sobre la equidad y la justicia social, como el liberalismo igualitario de John Rawls que plantea un conjunto igual de libertades básicas para todos mediante la igualdad de oportunidades y el apoyo a las personas con dificultades económicas, o el igualitarismo político de Donald Dworkin que busca la justicia como equidad a través de la materialización de los derechos fundamentales.

Una lucha ciega contra la desigualdad busca simplemente igualar hacia abajo, como señala el economista Friedrich Hayek, mientras que la lucha por la equidad quiere salvaguardar los derechos de las personas con medidas afirmativas como dar coberturas públicas universales en salud, educación y vivienda para que más personas puedan llegar a tener bienestar en la sociedad. Ferrajoli, en su Manifiesto por la igualdad publicado hace apenas dos meses, ha planteado que la búsqueda de la igualdad no puede ser un elemento disgregador, sino por el contrario un factor de recomposición unitaria y solidaria de toda la sociedad a través de la garantía universal de los derechos fundamentales.

Situar la discusión de todos los problemas de Latinoamérica solamente en la desigualdad, en vez de la búsqueda de una equidad que desarrolle los derechos fundamentales, nos devuelve a hace casi un siglo cuando la obsesión por la igualación de las personas condujo a la humanidad al fascismo, como lo hizo con Corrado Gini. ¿Seguirán los fanáticos del Gini citando como un dogma el índice creado por este promotor del genocidio?

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