Por: Ramiro Bejarano Guzmán

El deber de Fenster

MIENTRAS HAY UNOS INTOLERANtes que siguen creyendo que las masacres y los crímenes de lesa humanidad que han ofendido al país son inventos de unos fiscales apoyados por el comunismo, según la doctrina que propalan los joséobdulios y los plinios, el Teatro Nacional presentará a partir del próximo 28 de septiembre una obra de teatro que lleva por título el mismo de esta columna, en la que se ocupa magistralmente de la tragedia de Trujillo, que no todos los colombianos hemos olvidado, ni queremos que se olvide.

La obra está basada en documentos suministrados en su mayor parte por el “Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación”, que por fortuna recopiló toda la información de lo que fue ese horror de la masacre de Trujillo, en la que estuvieron comprometidas fuerzas del Estado en vulgar complicidad con el narcotráfico y paramilitares. No sólo asesinaron en forma despiadada a campesinos y familias enteras, sino que descuartizaron al sacerdote Tiberio Fernández, porque el macartismo criollo lo señaló de ser auxiliador de la guerrilla, sólo porque al lado de varios campesinos organizó un programa llamado “tejido social”.

Muy seguramente, usted amigo lector, no tiene idea precisa de lo que pasó en Trujillo, por cuenta de narcos, paramilitares y oficiales de la Fuerza Pública. Eso puede estarles ocurriendo a muchas otras gentes, que ignoran que en lo que se conoce como “masacre de Trujillo” murieron 342 personas, entre 1989 y 1992. La justicia colombiana, como siempre, ha resultado impotente para juzgar y encarcelar a los responsables, como lo evidencia el hecho de que uno de sus principales sindicados, el mayor (r) del Ejército Alirio Antonio Urueña Jaramillo, hoy sea prófugo de la justicia, gracias a un vericueto legal que lo puso temporalmente en libertad. A otro ritmo andan las cosas en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, organismo que le ha dado la mayor importancia a estos crímenes, abriendo el ya voluminoso expediente 11007. Por fortuna, el Estado colombiano durante la administración Samper admitió la responsabilidad en esos hechos, por lo que es de esperar que los entes públicos hayan cumplido cabal y oportunamente la obligación de indemnizar a las víctimas y a sus deudos.

Tuve oportunidad de conocer los libretos iniciales de “El deber de Fenster”, cuando los autores y directores de la obra invitaron a un grupo de amigos a ser testigos de una preliminar lectura de éstos, en casa de Nicolás Montero, y en presencia de ese otro soñador romántico, Humberto Dorado. Como todos los presentes quedé positivamente impresionado, porque al rompe pude advertir que se trataba de un trabajo extraordinario, pues a través de testimonios reales, notas periodísticas y documentos históricos, se logra reconstruir uno de los casos judiciales más impresionantes del mundo contemporáneo.

Es hábil y agradable la manera como se presenta la obra, utilizando el recurso de poner al público como testigo y en escena a un editor —Fenster— en el trance de cumplir la obligación de armar un documental sobre tan violentos sucesos. No era para menos, es una pieza escrita por Humberto Dorado y Matías Maldonado, dirigida por Nicolás Montero y Laura Villegas, en la que actuarán Jairo Camargo y Daniel Castaño, todos bien conocidos por su competencia y profesionalismo. Con sobrada razón, este trabajo ya fue galardonado con el Premio Fanny Mikey 2009 al Teatro Colombiano.

Lo de Trujillo fue una vergüenza que aún nos sacude a muchos. Con “El deber de Fenster” ojalá podamos asegurarnos de que nadie olvide semejante atrocidad, para que jamás se repita.

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Adenda. ¿Qué tendrá que pasar para que cesen las amenazas contra los magistrados de la Corte Suprema de Justicia?

 

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