Por: Yohir Akerman

El derecho a no creer

La senadora por el partido Liberal, la doctora Viviane Morales, está en todo su derecho de creer que la adopción por parte de parejas homosexuales es peligrosa y dañina para el desarrollo de los niños amparados. Ese es su derecho.

Y está en libertad de pensar que la posible aprobación de esto le haría daño a la sociedad, como lo ha expresado. O a defender que las parejas homosexuales no son aptas para educar un niño o tener una familia, pese a tener una hija, de su primer matrimonio con el reverendo cristiano Luis Gutiérrez, que orgullosamente pertenece a la comunidad LGBTI.

Ese es su derecho. Y por ejercerlo, ha sido victima de ataques por ser una senadora que arrincona a las minorías teniendo una hija parte de ellas. Ahora bien, eso, específicamente, no la hace una mala congresista, no. De pronto una prejuiciosa madre, sí, pero ella está en su derecho de serlo.

Lo que sí genera interrogantes sobre su capacidad como legisladora, es que si quiere defender esos planteamientos, como, de nuevo, tiene derecho de hacerlo, debe usar los argumentos válidos, y no los equivocados que le está dando a los medios.

La ex fiscal ha asegurado, entre otras falsedades, que: “se sabe, desde mucho tiempo atrás, por estudios científicos que el mejor entorno para el desarrollo de un niño es la pareja de hombre y mujer”. 

¿Cuáles estudios, cuántos, de dónde, de qué fecha, realizados por cuáles centros científicos? La doctora Morales no ha dicho.

El problema con estas aseveraciones ligeras en estos debates serios, es que generan supuestos errados, que la gente repite una y otra vez. Establecer que los estudios científicos dicen que es mejor una familia compuesta por un hombre y una mujer para un niño, es falso.

Así de claro y así de sencillo.

Y los datos, estudios y evidencia científica así lo demuestran. La Academia Americana de Pediatría declaró su apoyo a la adopción entre personas del mismo sexo en marzo de 2013, basados en los datos disponibles de más de 30 años de investigación, que revelan que los niños criados por padres de la comunidad LGBTI tienen el mismo desarrollo sicológico que aquellos criados por parejas heterosexuales.

Es más, los educados por parejas homosexuales crecen con menos prejuicios y se relacionan de manera más fácil.

Por eso la Academia Americana de Pediatría define literalmente que “los caminos hacia la paternidad que incluyen técnicas de reproducción asistida, la adopción y el cuidado de crianza deben centrarse en las competencias de los padres en lugar de su orientación sexual”.

Y así lo han reiterado y confirmado, entre otros, el ICBF asegurando que “(...) no existen diferencias en el desarrollo cognitivo de los niños y niñas criados por parejas del mismo sexo versus aquellos que son criados por padres heterosexuales”, o el Colegio Colombiano de Psicología que dice que “con base en los estudios científicos disponibles en el mundo, la región y el país, se establece que no es posible demostrar que los hijos o hijas de parejas del mismo sexo se hayan visto afectados en su bienestar psicológico por la orientación sexual de sus padres”. 

El único estudio que defendía lo contrario, llamado “Nuevo Estudio de las Estructuras Familiares” elaborado por Mark Regnerus, fue destruido en la comunidad científica mundial por las faltas de metodología y la ausencia de rigor del autor, ya que tomó datos manipulados para poder llegar a la conclusión amañada que quería demostrar. 

Nada de científico hay en eso, como tampoco nada científico hay en lo que dice la doctora Morales. Sin embargo, repito, ella está en todo su derecho de creer en otra ciencia, pero, no de confundir y mentir a la sociedad y a los posibles votantes del referendo que está proponiendo.

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