Lo decía en 1888. En su novela Pedro y Juan, escrita cuando el novelista tenía 38 años, Maupassant se preguntaba: “¿qué queda por decir que no haya sido dicho?, ¿quién puede vanagloriarse de haber escrito una página o una frase que no se encuentre ya más o menos parecida en otra parte?”,
Sobre los temas eternos, como el dolor, todo o casi todo está dicho. Cualquier intento de originalidad debe ceder ante quienes nos precedieron, como Arthur Schopenhauer, que resumió en estas frases su pensamiento sobre el dolor.
– El sufrimiento y el dolor son reales, se manifiestan a sí mismos inmediatamente sin necesitar la ilusión y la esperanza. Si esta enseñanza trae frutos, entonces cesamos de buscar felicidad y goce y sólo procuramos escapar en lo posible al dolor y al sufrimiento. Reconocemos que lo mejor que se puede encontrar en el mundo es un presente indoloro, tranquilo y soportable.
– La mayoría de las veces, así como rechazamos una medicina amarga, nos resistimos a aceptar que el sufrimiento es esencial a la vida, de modo que no fluye hacia nosotros desde fuera, sino que cada uno lleva la fuente inagotable del mismo en su propio interior.
– Quien ha atravesado su vida sin mayores dolores físicos o psíquicos, ha tenido la mayor suerte que ha podido encontrar; no le ocurre lo mismo a quien ha encontrado las mayores alegrías y placeres.
– Vivir feliz sólo puede significar vivir lo menos infeliz posible o, dicho más brevemente, de manera soportable.
– Observar más a menudo a los que se encuentran peor que a los que parecen estar mejor en comparación con nosotros. Para nuestros verdaderos males no hay consuelo más eficaz que la observación de sufrimientos mucho más grandes de otros.
– Al menos nueve décimos de nuestra felicidad se basan únicamente en nuestra salud. Porque de ésta depende en primer lugar el buen humor. Compárese la manera en que se ven las mismas cosas en días de salud y alegría y en días de enfermedad. La salud y la alegría que la acompaña pueden sustituir todo lo demás, pero nada las sustituye a ellas. Con salud todo puede ser una fuente de placer. Por eso un mendigo sano es más feliz que un rey enfermo.