Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Notas de buhardilla

El indiciado

Entre la Aida Merlano esposada y rodeada de uniformados de la FAE venezolana, y la que llegó impecablemente vestida y bastante atractiva a encaramarse en un estrado judicial, está la mano siniestra de la dictadura de Nicolás Maduro.

La Merlano está tomando venganza y quemando sus últimos cartuchos para capotear un enredo judicial que apenas empieza a pesar de estar condenada. Cuando Maduro deje del poder, y ello no pasará tan rápido como lo vaticinó el subpresidente Iván Duque, Aida tendrá que esconderse y vivir con la pesada carga de no poder gastar los miles de dólares que al parecer todavía la acompañan.

Cierto es que la Merlano es prisionera de Maduro y eso torna vulnerable su demoledor testimonio contra Duque, las casas Gerlein y Char, y Vargas Lleras. Personalmente, creo que el dicho de la excongresista barranquillera, a quien entre otras cosas nunca le oí un discurso o una intervención en sus tiempos de exitosa parlamentaria, tiene lagunas que lo debilitan. Dice la Merlano que cuando se fugó lo hizo con la ayuda de quienes la querían matar y eso no suena creíble. No se tiene noticia de que, mientras estaba en una cárcel bogotana, Aida estuviese enfrentada con los poderosos señores de su tierra, ni con el Gobierno. El relato de que salió de la capital y estuvo secuestrada en Valledupar es menos verosímil, porque supondría que se les voló a los corruptos del Inpec y a sus secuestradores. Si hubieran querido asesinarla no se entiende la tardanza para no haberlo hecho en cuanto puso los pies en polvorosa o inclusive antes de fugarse.

Si bien a la Merlano la han puesto a que ejecute un libreto, ello no implica que todo lo que ha dicho deba menospreciarse, ni mucho menos que el subpresidente Duque tenga licencia para incurrir en el imborrable abuso de usar su inmenso poder para enfrentar una situación personal en la que es un sindicado. Merlano fue elegida senadora conservadora bajo las banderas que hoy están gobernando y era aliada de Duque, no enemiga. Ella sí sabe de corrupción y de quiénes son bandidos en su tierra y en su tenebroso entorno político conservador y uribista.

Cierto es que el dicho de Merlano no es plena prueba aquí y en ninguna parte, porque no es libre ni espontáneo, pero tampoco al escándalo hay que echarle tierra como lo pretenden los youtubers, blogueros y los portales panfletarios y calumniadores del uribismo que, entre otras cosas, quedaron al descubierto en el magnífico articulo En las entrañas de una bodeguita uribista, divulgado por La Liga contra el Silencio en El Espectador (https://bit.ly/2Sv38Fd), cuya lectura recomiendo porque ni el Gobierno ni el uribismo han negado nada de lo allí informado.

Duque ha incurrido en el imborrable abuso de haber puesto a su ministra de Justicia y al director de la Policía a defenderlo, cuando eso no les tocaba. Un mandatario no puede convertir a tan altos servidores en sus abogados. Duque debió haber puesto la cara y responder directamente la sindicación de haber ofrecido recompensas para capturar a la Merlano cuando ya la supo afuera de Colombia, o la de que quería matarla, o haber designado uno de esos tantos tinterillos que deambulan en el uribismo haciendo méritos con el presidente eterno, para que asumieran su defensa.

Si bien la Fiscalía no puede acoger como evidencia lo dicho por la Merlano, tampoco puede ignorar sus inquietantes afirmaciones. Por ejemplo, es preciso que establezca cuáles abogados fueron a visitarla en su sitio de reclusión aquí, para indagar si, como ella lo afirma, llegaron a ofrecerle un plan de fuga, o a qué fueron y quiénes son. Este ventilador no puede apagarse con la frágil defensa de que fue un gesto oportunista, porque de eso no hay duda, pero al país hay que convencerlo de que la Merlano mintió sin que para ello el presidente utilice sus ministros y al jefe de Policía como sus abogados personales.

Difícil creerle a la exparlamentaria goda, pero si la Fiscalía no va a Caracas a recibirle declaración, al menos la Comisión de Acusaciones, el juez natural de Duque, de oficio ya debería estar empacando maletas.

Adenda. Recomponiendo su desprestigiado gabinete con enroques y mediocres, el subpresidente Duque está haciendo un oso comparable solo con el de pedirle a Juan Guaidó que le entregara a su aliada de antaño.

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2020-02-09T00:00:43-05:00

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