Por: Ignacio Mantilla

El intrincado mundo académico de las publicaciones

Actualmente, nadie pone en duda la importancia y el peso que tiene el número de publicaciones en la hoja de vida de un académico. En el mundo universitario, en algunas ocasiones es más importante que la experiencia misma, convirtiéndose en uno de los indicadores de mayor relevancia.

Se estima que la producción científica mundial se duplica cada década y que el conocimiento tecnológico lo hace cada dos años, de modo que los estudiantes de hoy tendrán que trabajar con una tecnología que aún no existe. Los cambios y la renovación se dan tan rápidamente que ya no parece descabellado pensar que pueda llegar el día en el que lo aprendido por un estudiante universitario en la mañana sea obsoleto al anochecer del mismo día.

Los avances, la información, los artículos científicos, entre otros, no aumentan siguiendo una secuencia lineal como 2, 4, 6, 8, 10, 12, 14… sino una secuencia exponencial como 2, 4, 8, 16, 32, 64, 128… Ninguna persona está en la capacidad de leer durante toda su vida lo que actualmente se publica en el mundo, en un solo día. A duras penas puede una persona abarcar algunas de las publicaciones que se producen en un área de su especialidad, por lo que se vuelve esencial poder filtrar el material de interés para seleccionar de manera eficiente aquellas lecturas que son realmente importantes.

Según el portal de evaluación de revistas y países Scimago Journal & Country Rank, Estados Unidos lidera las publicaciones a nivel mundial con 9’165.271 de documentos citables, publicados entre los años 1996 y 2016. Lo siguen China, con 4’525.851 documentos; Reino Unido, con 2’499.445, y Alemania, con 2’394.158. Colombia también aparece en dicho ranking y ocupa el puesto 50, con 68.319 reportes. Entre los documentos citables están artículos, reseñas y ponencias; no se incluyen los libros.

En las últimas décadas no sólo ha crecido el número de artículos, sino también de revistas especializadas que llenan la necesidad de divulgación que tiene la ciencia. También es cada vez más común la creación de portales encargados de examinar el impacto que tienen las revistas científicas en cada área del conocimiento.

En una lista de publicaciones hoy en día se examina muy especialmente el medio en el que fueron divulgadas. No basta comprobar que los artículos fueron sometidos a evaluación de pares o que pasaron el filtro que comúnmente impone un comité editorial especializado. En la actualidad, los índices establecen una especie de ranking para calificar la calidad de las publicaciones, muy asociada a la clasificación de las revistas en que aparecen.

En Colombia, la tarea de clasificar las revistas está encomendada a Colciencias y para casi todos los efectos, particularmente para los estímulos a la productividad en las universidades públicas, se tiene en cuenta esta clasificación, así que los estímulos económicos que se dan a los profesores por sus artículos son directamente proporcionales a la clasificación de las revistas en que se publican.

Y un criterio adicional, que es adoptado cada vez con mayor fuerza para calificar la hoja de vida de una persona y medir la calidad, visibilidad e impacto de sus aportes, es el número de citaciones que se hacen de sus logros, bien sea que se trate de un artículo, un libro, una patente o una obra de arte. Es incluso un criterio que se usa para determinar la popularidad, importancia, influencia o trascendencia de personalidades en el mundo entero.

El físico Jorge Hirsch, de la Universidad de California, diseñó un sistema que permite hacer un balance entre las publicaciones y las veces que estas son citadas, introduciendo lo que se conoce como índice h. Así, por ejemplo, el índice h de un científico es 16 cuando ha publicado 16 trabajos con al menos 16 citas de cada uno. Volviendo al portal Scimago, mientras China ocupa el segundo lugar a nivel mundial en la producción de documentos citables, con este sistema su índice h la ubica en el puesto 14.

Pero me quiero detener en este punto para compartir una reflexión: los criterios cuantitativos de clasificación para establecer este tipo de listas a veces nos dan resultados inesperados y por lo tanto grandes sorpresas. En efecto, como lo anotaba Umberto Eco en el año 2003, si nos guiáramos exclusivamente por la ponderación y el valor que hoy día se da especialmente a las citaciones de los autores o de sus trabajos, para calificar las hojas de vida académica de los profesores en las universidades, corremos el riesgo de no distinguir entre citaciones positivas y citaciones negativas, es decir, las que citan un trabajo o su autor, no para apoyarse en él, sino para refutarlo. Pero si intentamos quedarnos únicamente con las citaciones positivas, también corremos riesgos. Eco da el siguiente ejemplo que ilustra la situación: si se eliminaran con algún método válido todas las citaciones que discuten críticamente un trabajo, seríamos capaces de negarle una cátedra a Darwin, demostrando que la mayoría de los que lo citan, y lo siguen citando, lo hacen para decir que no tenía razón.

Pienso que un buen ejemplo de la situación anterior es también lo que sucede hoy en Twitter: un número grande de aparentes seguidores en realidad son perseguidores. Así que, si pudiésemos eliminar del grupo los segundos, algunas cuentas con enorme número de seguidores correrían el riesgo de quedar vacías.

* Rector, Universidad Nacional de Colombia.

@MantillaIgnacio

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Ignacio Mantilla

Mi última columna: hasta pronto

Cerrando broches

Grandes retos, grandes logros

Universidad Nacional: acceso con equidad

El Nobel de las Matemáticas