Por: Alberto López de Mesa

El maravilloso arte de los títeres

No existen en Colombia escuelas para enseñar el teatro de títeres, ni siquiera son una especialidad o al menos una asignatura en las facultades de teatro, pese a que los que estudian para actores mucho les serviría entrenarse en el manejo de objetos en la escena. En realidad nuestros titiriteros surgen del albur, se dan espontáneos como las orquídeas, algunos se transmiten el conocimiento de padre a hijo y la mayoría, una vez los atrapa los encantos del arte de animar lo inerte, se forman por su cuenta y riesgo, autodidactas juicioso para aprender las técnicas y las nociones fundamentales del oficio Titiritero.

Desde 1960 los títeres colombianos han alcanzado un desarrollo significativo: ya existen grupos estables y con sede propia en Cartagena (trotasueños) en Barranquilla (Luneta 50) en Cúcuta (Títeres Arlequín) en Bucaramanga (La Oruga) en Tunja (cocoliche) en Medellín (la Fanfarria, Manicomio de muñecos, juglares) en Armenia (La loca compañía) en Cali (La casa de los títeres) en Villavicencio (el tío Chamizo) y en Bogotá deben existir 50 grupos de diferentes generaciones ( Manzur, La libélula Dorada, Teatrova, Hilos Mágicos, El guiño del guiñol, Paciencia de guayaba, La cuchaviva, La pepa del mamoncillo, Teatro comunidad, ) y otros tantos que, sin duda, constituyen un movimiento de creadores cuyas obras, acaso por ocuparse prioritariamente del público infantil, no tiene la atención de los medios de comunicación.

En lo que va de este semestre, se han dado importantes eventos titiriteros: El décimo primer festival internacional de títeres ciudad de Cúcuta que organiza el teatro de títeres Arlequín y dirige Edgar Serrano, el décimo sexto festival MANUELUCHO que organiza La Libélula Dorada y dirige César Álvarez, los invitados nacionales e internacionales se presentan también en el programa de Idartes “Cultura en común” en varias localidades de Bogotá, en Cali la Casa de los Títeres que dirige Gerardo Potes realiza la vigésima primera feria internacional de los títeres y en el colegio de la Universidad Nacional realiza este mes el festival nacional de títeres Mary Olarte. En todos certámenes los niños y toda la familia asistentes ven espectáculos de gran calidad estética que representan la vanguardia del movimiento titiritero latinoamericano.

Las expresiones artísticas tienen la virtud de trascender las dificultades políticas y sociales de sus respectivos momentos históricos, los artistas porfían en aportar la esperanza y en nutrir las conciencias en medio de la adversidad. El teatro de títeres particularmente constituye un conjuro contra las hostilidades de la iniquidad y sobre todo son una alegre oferta de asombro que complementa las precariedades del sistema educativo, toda vez que los niños aprecian obras que edifican nuevos espíritus, nuevas percepciones del universo, de la sociedad y del ser.

En esta temporada recomiendo dos espectáculos de títeres maravillosos: la obra MACONDO el cuento que se llevó el viento del grupo Teatro Comunidad, es una valiente y alegre versión de la novela de nuestra Nobel Cien años de soledad. También el espectáculo vanguardista “EL EXTRAÑO JINETE” versión para títeres de un texto de Michel de Geldorade, representado por el grupo La Pepa del Mamoncillo con la dirección de Héctor Loboguerrero.

El maravilloso teatro de títeres en Colombia como en el mundo se ha constituido en una instancia renovadora de las artes escénicas, acaso porque los creadores integran en su expresión el sentido, de lo plástico, lo literario y lo teatral y porque mantienen la mirada siempre resiente de la consciencia infantil. ¡Que vivan por siempre títeres y titiriteros!

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