Por: Ana Milena Muñoz de Gaviria

El mensaje de ‘Cano’

EL COMUNICADO DEL NUEVO JEFE de las Farc, Alfonso Cano, está lleno de audacia y produce suspicacia. Con un tono diferente al que era habitual en el grupo, Cano plantea que la operación de rescate que permitió la libertad de Íngrid Betancourt y otros 14 secuestrados no fue una liberación sino una fuga y acusa a los guerrilleros César y Enrique de “despreciable conducta que traiciona la conducta revolucionaria”. Igualmente manifiesta su interés en la búsqueda de acuerdos humanitarios que logren el intercambio y además protejan la población civil de los efectos del conflicto.

Con estas palabras y de forma sin duda inteligente, Cano busca sacar provecho de versiones dadas por algunos medios europeos que han señalado que se  les pagó a las Farc por el rescate, trata de deslegitimar la operación militar y de restarles al Ejército y al Gobierno mérito por el éxito obtenido al poner en tela de juicio a los guerrilleros que se encontraban en custodia de los secuestrados.  

Tomar posición no era sin duda fácil después de semejante golpe, pues tanto aceptar que el Gobierno logró engañar a los guerrilleros o aceptar que los guerrilleros traicionaron a las Farc y liberaron a sus secuestrados entraña consecuencias importantes. 

Aceptar que los guerrilleros fueron sobornados y que recibieron paga por el rescate es complejo para las Farc pues implica aceptar que la moral está baja, que la ideología revolucionaria se está desvaneciendo y que se vienen desquebrajando como organización. Muestras de sucesos que confirmarían esta hipótesis son, entre otras, la muerte de un miembro del Secretariado en manos de su guardaespaldas para cobrar una recompensa, la deserción y entrega al Ejército de la comandante Karina, y la continua desmovilización guerrillera que venimos presenciando.

Igualmente, el acusar con este comunicado a los guerrilleros deja sin piso a los sindicados César y Enrique en el sentido de que se habían declarado inocentes del delito de secuestro, argumentando estar haciendo política en la zona, con lo cual su propio grupo los terminó señalando y acusando como guerrilleros. Ello debería mostrarles a los demás guerrilleros de qué es capaz  la guerrilla: ¡cuando el barco se hunde…!

Por otra parte, las Farc estarían buscando un acuerdo humanitario y, por primera vez, se abstienen de mencionar como condición para ello la zona de despeje de Florida y Pradera. Ello sería sin duda una gran noticia y el segundo gran triunfo del Gobierno después del golpe asestado con la liberación.

Estos triunfos del Gobierno implican eso sí que actúe con grandeza, que busque la liberación de los que todavía quedan y que inicie con paso firme un camino para la solución del conflicto. Como vengo sosteniendo, al enemigo hay que avergonzarlo y no humillarlo, por lo que hay que esperar la posición que asumirá el Gobierno frente a todos estos nuevos hechos. En ese sentido ha sido ejemplar  la hoy legionaria Íngrid Betancourt, quien, sin desfallecer en el propósito final de lograr la liberación y la paz de manera enfática, ha dado muestras de mesura y de espíritu de concertación para efectos del diálogo necesario con la insurgencia.

 

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