Por: Pedro Viveros

El mundo cambió y Greta quiere respuestas

Cada día hay más vegetarianos. Los carnívoros miran de reojo siempre que alguien pide un pedazo de carne. Los conductores de un vehículo a motor se sienten culpables cuando a su lado pasan más bicicletas. Si una familia tiene más de dos hijos es vista como exótica. Para millones de personas fumarse un cigarrillo se volvió un problema de clandestinidad.

Estas extraordinarias transformaciones van tan de prisa que no acaba de robustecerse una y de repente aparece un nuevo hecho que obliga a los legisladores a romper el proyecto de reforma en estudio y revocar incisos de la misma forma como transmutan ideas frente al novedoso desafío. En Colombia (y en muchos países del mundo) no hemos podido resolver la controversia social y económica de plataformas de transporte público estilo Uber, pero hay cinco nuevas esperando respuesta. 

Según Steven Pinker, en ninguna era habíamos tenido menos conflictos. Hoy se mueren más personas por sobrepeso que por un balazo en una guerra. Esa nueva “tranquilidad humana” trae otros problemas como el aumento de la presión fronteriza entre naciones. Jamás en la historia del hombre el mundo había tenido tantos muros que lo separara. ¿Una civilización encarcelada? Todos parecemos sospechosos al pasar nuestra línea limítrofe. Esta situación diaria exponencial va por un lado mientras que nuestros “hombres de las leyes” van por otro. Para ser justos, esta costumbre contemporánea de los parlamentarios no es exclusivamente colombiana, es mundial.

Los pocos hacedores de nuevas normas tienen como fórmula de pensamiento la vía negativa en vez de plantear salidas en positivo a cada evolución de la sociedad. ¡Lo más fácil siempre es recurrir a un no que a un sí! (brexit o plebiscito por la paz). Son muy pocos los congresistas o diplomáticos en el mundo que se atreven a tomar posiciones permisibles en las sociedades modernas. No quiero caer en remembranzas superadas estilo “prohibido prohibir”.  Prefiero catalogar esta tesis más en la línea de crear derechos que tengan la posibilidad de tolerar los deseos de una sociedad tan cambiante como la actual. No es posible que algunos de nuestros conciudadanos mundiales, por tener un exceso o una inclinación particular, queden por fuera de una política pública universal. Esa exclusión ya es negativa.

Los inmigrantes, los pobres de toda suerte, los desempleados actuales por culpa de la cuarta generación, los destronados por ser fumadores (en 2025 según la OMS habrá mil millones), todos ellos merecen un estatuto donde obtengan respuestas afirmativas a sus necesidades.  Los esfuerzos de los organismos multilaterales al ponerse retos a largo y mediano plazo son loables, pero el mundo no parece estar enfocado en objetivos milenarios ni siquiera quinquenales, mientras que lo que quieren los nuevos actores de las políticas públicas nacionales y mundiales (léase Greta Thunberg) es tener los oídos bien puestos y una forma práctica de responder a unas insolvencias inmediatas.

La ONU, que hoy inicia su asamblea anual, concebida para evitar un tercer conflicto bélico en el mundo, parece no estar delineada para resolver de forma propositiva el problema de los fumadores si no atiende a los que saben de tabaquismo: las tabacaleras. Por no escucharlas circulan cigarrillos electrónicos de toda suerte y sabor que van dejando consecuencias enormes en muchas personas. La OEA no está preparada para tomar una decisión en materia de migrantes, particularmente en Latinoamérica, si no defiende de forma decidida precisamente a los expatriados. Si la OMS se adecuara a estos tiempos, enfocaría sus esfuerzos en los afectados con los ilimitados costos de los medicamentos para lograr establecer precios justos mundiales y salvar vidas.

 Al cambiar el derecho, cambian las sociedades. ¿Están diseñadas nuestras instituciones para dar soluciones positivas a las nuevas “Gretas” que aparezcan?

@pedroviverost

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