Por: Óscar Sevillano

El periodismo del posconflicto

En el  reciente debate convocado por el diario El Espectador, la Fundación Paz & Reconciliación y la Universidad Javeriana de Bogotá, donde se habló sobre la manera como el periodismo debe amoldarse a trabajar la información en una Colombia sin las Farc en armas, profesionales de la comunicación y el manejo de la información noticiosa,  dieron a conocer sus preocupaciones porque el gremio de periodistas de nuestro país y las academias de formación en el área,  no se han preparado lo suficiente para esta nueva realidad.

La preocupación resulta válida, porque el periodismo en Colombia durante los 52 años que las Farc enfrentaron al Estado con las armas, informó sobre el número de muertos de cada acto de guerra o de hecho violento que se presentaba, y pocas veces evidenció la realidad de los territorios que fueron dominados por el grupo guerrillero.

Algunos dirán que ese vacío en el cubrimiento de esa Colombia profunda se dio por el temor que sembraron los fusiles y que durante mucho tiempo dominó a los colombianos en cientos de veredas y municipios, lo que los obligó a informar no desde la investigación que se debe hacer en cada hecho que ocurra, sino desde un discurso oficial, bien sea de la Presidencia de la República o de alguna fuente militar que  hablaba sobre el tema.

Argumento que resulta irrefutable,  porque la vida, la seguridad y la integridad del periodista, debe primar por encima de cualquier trabajo que se deba hacer,  por buena que este sea. El problema es que esto terminó convirtiéndose en  la excusa perfecta para caer en la costumbre de   contar los muertos y heridos, que quedaban como resultado de los hechos violentos y buscar las voces de la política nacional que desde Bogotá hablan sobre lo divino y lo humano, sin que digan algo útil que permita entender el porqué de la guerra. Es decir, se limitó a darle  micrófonos a los políticos que  hacen las veces de profetas de lo que ya pasó.

Hoy cuando nuestros territorios se encuentran en medio de una Colombia sin las Farc en armas, el periodismo tiene un gran desafío y es mostrar los problemas que durante mucho tiempo han padecido la mayoría de municipios y veredas, donde se evidencia la pobreza y la miseria que produce el abandono estatal y la corrupción que han sido el común denominador de todos los gobiernos en nuestro país  y que no hicieron parte de los titulares de primera línea en la información noticiosa durante 52 años.

No es tarde para corregir ese error, sin embargo queda el sinsabor de encontrarse hoy con una generación que conoció la guerra, sin entender sus razones. Que cree que lo que ocurrió en Colombia fue un enfrentamiento entre buenos y malos, donde las Farc hacían las veces de “bandidos  malos”, mientras  el Estado era el “súper man”  que buscaba salvar al pueblo de las garras de una especie de  “legión del mal”.

Le ha llegado el momento al periodismo nacional de viajar a los territorios que han sido abandonados por el Estado, como el departamento del Chocó por ejemplo y explicar la razón por la que el territorio más lluvioso del país no tiene servicio de luz y agua potable durante las 24 horas en todos sus municipios y veredas. De desplazarse al Vaupés y darle a conocer al país la pobre infraestructura con la que cuenta. Seguramente así  los colombianos podrán entender  la razón por la que  no les fue difícil a las Farc tomarse Mitú, municipio capital de este departamento.

Ahora que no están las Farc, el periodismo nacional tiene la necesidad de cambiar la costumbre de contar muertos y heridos, para pasar a mostrar la realidad de los territorios de Colombia, donde la pobreza y la miseria han reinado durante décadas enteras y en esa tarea, las universidades que tienen a la Comunicación Social y Periodismo dentro de su áreas de formación, son aliados de primera línea, porque es allí donde se les debe cambiar el chip a los jóvenes que  ingresan a la academia,  con la idea de presentar farándula y deportes y convertirse en estrellas de cámaras y micrófonos, sin tener idea de lo que significa ser un buen periodista y cuál es su misión.

@sevillanojarami

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