Por: Salomón Kalmanovitz

El PIB del primer semestre

El DANE publicó sus resultados para el producto interno bruto del primer semestre del año, que muestran un comportamiento mejor al esperado. En efecto, el crecimiento semestral es del 3 %, lo que mantiene el nivel alcanzado desde 2018, cuando la economía comenzó a rebotar, gracias a la mejora en los precios del petróleo.

Los sectores productivos —agricultura (1,7 %) e industria (1,7 %)— tienen comportamientos mediocres, pero la minería (3,2 %) se recupera gracias al petróleo. La construcción sigue en terreno negativo, la residencial y de oficinas se contrae (-7,2 %), pero da un salto gracias a las obras civiles (12 %), impulsadas por la contratación de Alcaldías y departamentos, para un subtotal de -2,4 %, lo que debió tener efecto sobre el desempleo. Los sectores líderes son el financiero, que succiona excedentes del resto de la economía (crece al 5 %), y la intermediación comercial (4,4 %).

Desde el punto de vista de la demanda, el consumo final sale bastante alto (4,3 %) y la formación de capital tiene un crecimiento igual. Verifiqué las importaciones de maquinaria y equipo, que crecen 9,8 %. Lo que no me cuadra es la balanza comercial, que muestra un crecimiento alto de las importaciones (9 %) y bajo de las exportaciones (3,5 %). El déficit representa $18 billones, equivalente al 1,8 % del PIB anual, 0,9 % semestral, lo que se le debe restar al PIB, porque la demanda se dirige a las importaciones que no hacia la producción doméstica. En consecuencia, para que la economía creciera 3 %, el PIB doméstico debió crecer cerca del 4 %, algo bastante improbable.

El déficit en cuenta corriente (que incluye el balance comercial más intereses y remisión de utilidades) alcanza -4,6 % del PIB en junio, cifra peligrosa en estos tiempos de matoneo global por Estados Unidos y de crisis de balanza de pagos en Argentina, que ha obtenido una devaluación del ¡56 %! desde enero. El déficit externo es una de las razones de fondo para que la devaluación del peso colombiano sea bastante alta: del 12 % desde enero, mientras que Brasil, que anda en una crisis sistémica, muestra una un poco menor, del 11 %; obviamente ambas menos dramáticas que la argentina. Es casi cierto el triunfo de un gobierno populista en las elecciones argentinas de octubre, al que parecen no importarle los desequilibrios macroeconómicos heredados por Macri del peronismo y que no logró conjurar. Ante ello, las empresas y la clase media argentinas quieren convertir en dólares sus debilitados pesos, mientras que el capital extranjero trata de reducir sus balances en moneda local y los bancos no están dispuestos a prestarle a un país que tiene reputación de mala paga.

Las perspectivas de la economía europea se han ensombrecido por la contracción del PIB alemán y una caída fuerte de su producción industrial, mientras que el inminente brexit augura una contracción de Inglaterra. En Estados Unidos la industria se contrajo en julio, mientras que los inversionistas liquidaron acciones y compraron bonos del Tesoro de corto plazo, ante el daño que está causando la guerra comercial contra China. Un indicador de posible recesión es cuando la curva de rendimientos de los bonos de corto plazo supera el rendimiento de los bonos de largo plazo. Aunque no es un indicador contundente, sí sugiere que el sistema capitalista se está descuadernando; con todo, la economía norteamericana muestra solidez todavía en sus indicadores básicos.

Lo cierto es que se divisan espesos nubarrones en el futuro.

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2019-08-19T00:00:40-05:00

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2019-08-19T00:15:01-05:00

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