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Antes de ganarse la vida como maestro de la trompeta, Maurice André se dedicaba a la minería. Esta actividad le dejaba tanto tiempo libre que lo empleaba perfeccionando la técnica aprendida y de la que, hasta sus tiempos de juventud, tenía serios interrogantes. “La trompeta es un instrumento muy difícil”, decía, y continuaba comentando que era tanto el esfuerzo físico que no se veía reflejado en su sonido. Por eso fue que, muy inconforme, decidió modificar los parámetros establecidos y le imprimió la potencia que pocos músicos se habían atrevido a otorgarle al cobre.
Así fue como gestó la denominada Escuela Francesa, que llegó a revalidar buena parte de lo establecido y que lo convirtió en un referente obligado en los escenarios musicales durante las décadas de los 70 y los 80. André condensó en un solo formato dos corrientes al parecer irreconciliables: el estilo norteamericano del siglo XIX, del que aprovechó las armonías, y la técnica de los conservatorios rusos que, a comienzos del siglo XX, le daban prioridad al virtuosismo.
El reconocimiento a este músico francés llegó a tal punto que en muchas grabaciones de las orquestas sinfónicas más importantes del mundo figuró como invitado especial, porque no era habitual escuchar a un trompetista que sin perder la técnica lograra notas tan potentes, y menos en la época en la que empezó Maurice André a despuntar. A pesar de los muchos compromisos que tenía para participar en discos de colegas y amigos, pues grabó más de 250 álbumes, jamás abandonó su labor docente y eso ha hecho que sus enseñanzas se hayan multiplicado en el tiempo.
Por algunos inconvenientes en su salud se retiró de los escenarios en 2006, pero siguió adelante con sus clases. “La trompeta conservó su uso guerrero, el gusto por la victoria y el desfile, pero también tiene la particularidad de hacer bailar a las chicas a las que les interesan las danzas populares. Eso hace que sea un instrumento especial y genuino”, les contaba Maurice André a sus alumnos y los ayudaba a encontrar su espacio en la música. Se oponía a las copias y por eso a todos aquellos que intentaban imitarlo les mostraba el panorama completo y les abría las posibilidades para ser únicos como artistas y que brillaran con luz propia, tal y como lo hizo él.