Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Notas de buhardilla

El pleito del año

Tenía averiguado que el fiscal Martínez, por su astucia, inteligencia y habilidad, era de los pocos que sabe por dónde entra el agua al coco, y que podía superar fácilmente los trances difíciles de la vida pública, pero esta semana se le vio agitado respondiéndole con dedo levantado y acusador a Claudia López el feroz reclamo que le lanzó en el Senado, por cuenta de una situación que dejó de ser tensionante y empezó a explotar.

La acusación menos grave tiene que ver con el saboteo del debate en el Senado que se ha anunciado ya en tres ocasiones y nada que arranca. Quienes deberían presionar para que ese anunciado debate tenga lugar, son los numerosos amigos del fiscal —al menos quienes imprudentemente lo defienden y alaban por todo y por nada—, porque la idea que ha cogido fuerza es la de que la marrullería no quiere que estos temas se ventilen por los verbos siempre encendidos de Claudia López y Jorge Enrique Robledo.

Pero el grueso de la descarga de Claudia López estuvo en poner en duda las investigaciones e inminentes imputaciones de la Fiscalía contra dos funcionarios que hasta donde llegan mis fuentes gozan de buena fama como servidores regionales, lo que hoy en día es una rareza, aunque, por supuesto, no pongo las manos en el fuego por nadie. Se trata de Marcelo Torres, alcalde de Magangué, y Camilo Romero, un fogoso exsenador, gobernador de Nariño, a quienes personalmente no conozco pero cuyas buenas ejecutorias y rectitud alcanzan nombradía nacional. La gravísima tacha de que la Fiscalía estaría persiguiendo a Torres y Romero por cuenta del partido político en el que ha militado Néstor Humberto hasta ahora no está respaldada con pruebas, pero la manera como éste respondió esos reproches pudo haber sido más argumentada que emotiva, pues aunque era obvio que tenía que fastidiarse con semejante andanada, pisó la cáscara y terminó soltando una frase desafortunada, por decir lo menos. En efecto, ripostarle a la senadora Verde, que su queja de persecución “no es más que una falacia inventada en sus trinos arropada por ese manto de impunidad que usted cree que le va a durar toda la vida”, si no fue una amenaza, sí es lo más parecido. Eso no lo debe decir y ni siquiera insinuar quien tenga sobre sus hombros la delicada tarea de investigar y encarcelar al resto de los mortales. Maurice Druon, el autor de Los Reyes Malditos, dijo que de una imprudencia verbal no se defiende nadie, y eso le pasó a Néstor Humberto en esta ocasión, pues ha debido responder con contundencia remitiéndose a las pruebas que, según el ente acusador, comprometen al alcalde de Magangué y al gobernador de Nariño. Eso habría sepultado la discusión.

La Fiscalía tiene el deber de acreditar que sus imputaciones contra Torres y Romero están bien fundadas, para despejar la “duda mortal” de la que hablaba Racine, de que el ente investigador persigue u hostiga alfiles políticos contrarios. No hay motivo alguno para creer que la Fiscalía pretenda imputar a estas personas sin evidencia alguna, y por eso, si las pruebas resultaren contundentes, a Claudia López seguramente le tocaría asumir el gesto gallardo de ofrecer excusas por sus sindicaciones; empero, si conocidas las pruebas en las que se fundarán las imputaciones, no son acogidas por los jueces o no convencen a la opinión, la Fiscalía tendría un problema superior al de haber nombrado a Moreno, el exfiscal anticorrupción, porque su credibilidad quedaría en cero. Eso ya lo vivimos con el nefasto exprocurador Ordóñez, que acusaba o exoneraba según sus odios y amores personales, partidistas y ultracatólicos.

No puede crecer la sensación de que todo aquel que no opine igual que el fiscal, o que se atreva a criticarlo, o que haya peleado con él, corre el riesgo de ser judicializado y encarcelado. Ese es el talante perverso que pusieron de moda los energúmenos del Centro Democrático para criminalizar la crítica y a todos sus contradictores. Que no cunda el mal ejemplo.

Adenda. La administración de Cali, presidida por Maurice Armitage, cada vez es más caótica. Empresarios manejando la cosa pública, son un desastre.

notasdebuhardilla@hotmail.com

 

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