Por: Hernán González Rodríguez

El presidente Trump revivió el tema del socialismo

El principal objetivo de los socialistas y los izquierdistas latinoamericanos radica en alcanzar la igualdad en los ingresos y en la riqueza entre las infortunadas sociedades que los eligen para regir sus destinos. Censuran ellos, en especial, la existencia de los millonarios y pretenden que los gobiernos aproximen los ingresos de los muy ricos y los muy pobres por medio de los impuestos a los primeros para repartirlos entre los segundos según su criterio y sabiduría.

Los izquierdistas se autoconvencieron de que hay muchos pobres porque algunos pocos son demasiado ricos. En una economía de mercado, de las que los partidarios de las libertades promueven, se enriquecen algunos proveyendo a otros los bienes y servicios que están dispuestos a comprar.

El éxito de los vendedores estriba en satisfacer las exigencias de sus consumidores. El éxito de algunos no puede ser la causa de la pobreza de otros. Por el contrario, mientras más exitosos les resultan ser sus negocios, menos personas subsistirán en la base de la escalera económica.

Las empresas crean y ofrecen empleo y seguridad a sus trabajadores. Las empresas ofrecen bienes y servicios, y mientras más ofrecen, más disminuyen los precios y más se benefician los consumidores. Al aumentar la productividad de las empresas aumentan las utilidades en las economías y aumentan la prosperidad y el estándar de vida de toda la sociedad.

¿Cuáles son realmente las fuerzas que impulsan los movimientos socialistas en pro de la igualdad?  La envidia y el poder absoluto. Empobrece tanto a ricos como a pobres la igualdad forzada que termina asfixiando a los ricos con impuestos, hasta el punto en que casi todos terminan trabajando para el Estado con ingresos miserables. En un país de miserables el poder se ejerce de manera absoluta, dictatorial.  

Fidel Castro y Hugo Chávez tomaron las riendas del poder en Cuba y en Venezuela con el propósito de reducir las desigualdades. Para tal fin expropiaron tierras y negocios, emitieron dinero sin respaldo y se apoderaron hasta de las cuentas bancarias, y, en efecto, tras unos cuantos años todos, salvo los privilegiados burócratas del alto gobierno, casi todos estaban nivelados muriendo de hambre y de enfermedades. Destruyeron la acumulación del capital de la economía de mercado, clave para elevar el nivel de vida y la prosperidad.  

Termina destruyendo la obsesión socialista por la igualdad las bases de las sociedades prósperas, al destruir la libertad de los ciudadanos para acumular en forma honesta todo el dinero que puedan y para utilizarlo racionalmente, en la creación de nuevas empresas, por ejemplo.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Hernán González Rodríguez

Intervención militar en Venezuela

Aranceles sobre las importaciones

Nos reconocen como el país de la cocaína

Advertencias de las calificadoras de riesgo

Amenazas caóticas sobre Colombia