El primer diario de Colombia

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Con la venia de mis lectores, voy a hablar en primera persona. Escribo en El Espectador desde los años 70. Creo no equivocarme si anoto que el primer texto de mi autoría se publicó el 27 de noviembre de 1977, bajo el título “Reportaje elemental con el poeta Jorge Guillén”. Lo había visitado a comienzos de ese año en su casa de Málaga, mientras tomaba breve descanso de un posgrado que cursaba en Madrid. El crítico literario Germán Vargas Cantillo me puso en contacto con el director del Magazine Dominical que, por entonces, publicaba este diario.

Después conocí al director del periódico, gracias a Alfonso Palacio Rudas y a Rafael Caicedo Espinosa, los dos gerontes políticos de mi generación en el Tolima. Me resulta grato recordar cómo don Guillermo Cano me abrió las páginas editoriales del periódico con infinita generosidad. Más de una vez escuché sus preocupaciones en relación con las amenazas que se cernían sobre el Estado de derecho. Por eso, la vocación del periódico en torno a una cultura democrática, para la cual era más importante el ejercicio inteligente de las ideas que las utilidades brutas de los negocios.

Dejé de escribir la columna después de su muerte por algunos años, pero regresé luego en virtud de amable invitación de su nuevo director, Carlos Lleras de la Fuente. Formé parte del Consejo Editorial del periódico en medio de un equipo entre quienes recuerdo a Ernesto Rojas Morales y a Alberto Lozano Simonelli. Conocí, entonces, a Fidel Cano Correa, cuya labor indeficiente, desde antes de asumir la dirección hasta hoy, hace honor no solo a su idoneidad sino también a su estirpe.

Debo decir que me siento ufano por pertenecer a la familia de un periódico bajo cuyo alero han reflexionado ilustres colombianos, y que fue fundado hace 133 años “para servir a la patria con criterio liberal, y a los principios liberales con criterio patriótico”. Este es uno de los periódicos más antiguos de América. No es fácil registrar una historia similar, en estos tiempos en que tantos principios se vulneran y tantos valores se desdibujan por cuenta de una fementida “corrección política” o por temor a un mal disimulado autoritarismo. Desde su fundación, El Espectador mantiene su linaje intelectual, su importancia periodística, su independencia crítica.

No tengo información alguna sobre los planes del periódico para su inmediato futuro. Más allá de las noticias sobre su conversión a medio exclusivamente virtual, ignoro lo que pueden estar pensando sus propietarios y directivos. Pero tengo la certeza de que, como diario impreso o digital, seguirá siendo, de lejos, el mejor diario de Colombia. Mientras El Espectador exista, habrá luz en la poterna y guardián en la heredad.

@inefable1

* Presidente de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.

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