El problema de la informalidad laboral

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Es claro que los Estados de Latinoamérica poco o nada se han preocupado por encontrar una solución de fondo al problema de la informalidad laboral y mucho menos se han preocupado los sucesivos gobiernos por encontrar la causa raíz del problema.

Según el columnista Felipe Jánica, esto se debe a que, en caso de hacerlo, quedarían al desnudo verdades incómodas que minarían la popularidad de los políticos de turno, tanto de izquierda como de derecha. Este planteamiento no es válido para Colombia, país que, a diferencia de casi todos los demás, nunca ha tenido gobiernos de izquierda. Por lo tanto, podría afirmarse que la desidia de los sucesivos gobiernos de derecha por encontrar una solución ha sido prácticamente una política de Estado y que no tienen interés alguno en que salga a la luz esta incómoda verdad.

Para los políticos de izquierda, por el contrario, desnudar la verdad y ofrecer una solución viable al problema sería una gran oportunidad de alcanzar el apoyo popular necesario para llegar el poder, oportunidad que, tristemente, aún no han podido vislumbrar. Pero no solo los políticos han pecado por omisión. La academia, los gremios, los medios y hasta las organizaciones laborales están en mora de enfrentar el problema y ofrecer una propuesta viable para al menos mitigar lo que el columnista llama “los costos ocultos de la informalidad”.

Encontrar y poner en práctica una solución viable no será propiamente pan comido. Las promesas populistas de generación masiva de empleo formal se estrellan contra la realidad de la frágil y endeble estructura macroeconómica descrita por el columnista, agravada por las sombrías perspectivas en el corto y mediano plazo.

Con base en el contexto mencionado, el suscrito preparó y presentó una propuesta enfocada en dignificar y optimizar el trabajo informal, como un mecanismo para autogenerar las condiciones que permitan formalizar paulatinamente la fuerza laboral informal.

La primera fase de la propuesta está orientada prioritariamente a dignificar las condiciones de los grupos más vulnerables (trabajadores de calle, vendedores ambulantes, mensajeros, trabajos de acarreos, recicladores, etc.), lo cual, de paso, contribuiría a disminuir la congestión, el desorden, el deterioro y la inseguridad de los espacios públicos.

Cabe destacar de qué manera la recuperación y el ordenamiento del espacio público, a su vez, habrían contribuido enorme y felizmente a facilitar a las autoridades el control y la mitigación de los efectos del COVID-19 y la pandemia, absolutamente imprevista cuando, en la pasada campaña electoral, se presentó la propuesta a un candidato presidencial quien, demasiado tarde pero con muchos bombos, promueve ahora un remedo del proyecto que en ese entonces ignoró.

Carlos Velásquez

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