Por: Santiago Villa

El problema de Sudáfrica como modelo para las Farc

Si bien es positivo tener como meta al proceso sudafricano en algunos aspectos, la naturaleza de ambos conflictos y procesos de paz es tan diferente, que estaríamos generándonos falsas expectativas si pretendiésemos repetir el caso o estar medianamente cerca de hacerlo.  

En Sudáfrica, por demás, el proceso de paz no estuvo exento de críticas. La Comisión de la Verdad y la Reconciliación fue denunciada por los miembros del Partido Nacional -el que implementó el apartheid y entonces dejaba el poder- porque se centró más en los crímenes estatales que en los del Congreso Nacional Africano. Consideraron que la comisión estaba sesgada.

El caso de Winnie Mandela, ex esposa de Nelson Mandela, es llamativo. La "Madre de la Nación" fue acusada por la Comisión de la Verdad y la Reconciliación en 1997 por secuestro y asesinato. Esto demostraría cierta imparcialidad. No obstante, a pesar de que Desmond Tutu le pidió que aceptara sus errores, al final la Comisión se contentó con la respuesta ambigua de Winnie de que "hubo cosas que salieron muy mal". Entretanto, Winnie acusó a su ex esposo, Nelson Mandela, de manchar su reputación para favorecerlo en el juicio de divorcio que sobrellevaban al tiempo que ella compareció ante la Comisión.

Lo que quiero decir con esto es que no sobredimensionemos las bondades del proceso sudafricano. Si bien hubo un foco importante en la catarsis individual y colectiva durante este proceso, y en la consiguiente reconciliación nacional, en Colombia es más importante, para reconstruir el tejido social, que el proceso de restitución de tierras proceda sin trabas y sin asesinatos selectivos, que las compensaciones a las comunidades afectadas por la guerra se realice adecuadamente y que las madres (y padres) sepan qué pasó con sus hijos desaparecidos.

La Jurisdicción Especial para la Paz y la Comisión de la Verdad deberían ser particularmente importantes para las Farc frente a sus víctimas, y no para validar las posiciones de las Farc sobre lo que sucedió durante la guerra, sino para abrir un espacio de reconciliación con la sociedad a la que vulneraron. La ironía más grande es que las Farc no parecen verlo así. A veces se comportan como si los que hubiesen padecido el peor de los agravios en esta historia fuesen ellos.

El episodio de Jesús Santrich llamando "cretino" a un periodista porque presionó al candidato para la Cámara de Representantes, Byron Yepes, con preguntas perfectamente válidas sobre el abominable testimonio de la joven que le acusa de realizar un aborto forzado, es uno de varios. Otro ejemplo es la arrogancia con la que Henry Castellanos "Romaña" justificó los secuestros masivos cometidos por las Farc en una entrevista con Catalina Lobo Guerrero para La Silla Vacía.

Los líderes de las Farc siguen pensando que sus delitos estaban justificados porque seguían los reglamentos de la organización. Si forzaron abortos era porque eso decía el reglamento. Si secuestraron era porque eso decía la directiva. Durante el conflicto, el Código Penal colombiano no debía aplicar para ellos porque representaba al Estado que pretendían derrocar, ni hablar ya del más elemental discernimiento ético.

Algunos líderes de las Farc quizás apelarán al reglamento de la organización como una suerte de código paralelo que les exonera de la responsabilidad moral individual de sus acciones. Quizás repetirán como dijo Winnie Mandela, "hubo cosas que salieron muy mal", o como ya dijo Iván Márquez, "se cometieron errores", siempre en colectivo y generalizando, pues en grupo la responsabilidad moral se diluye hasta la irrelevancia. Algunos (¿muchos?, ¿unos cuántos?, ¿todos?) no terminan de entender que no puede haber perdón y reconciliación sin antes darse un juicio, asumir una responsabilidad individual y demostrar una gran medida de humildad.

Hasta que no comprendan la inmoralidad del reglamento que les rigió dentro de la organización, y cada uno acepte la responsabilidad ética y legal de haberlo seguido -responsabilidad que solo recae individualmente, no en colectivo-, los líderes de las Farc seguirán encontrando altos niveles de rechazo. Lo más absurdo es que, por su dificultad para entender esto, culparán de ello a la misma sociedad, o lo que resulta todavía más fácil, a los medios de comunicación.

Twitter: @santiagovillach

 

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