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21 Jan 2021 - 3:00 a. m.

El reclamo ambiental de las ciencias

El 13 de enero un grupo de 17 científicos liderado por Corey Bradshaw (Universidad de Flinders, Australia) y Paul R. Ehrlich (Universidad de Stanford, EE. UU.), que incluye dos ecólogos mexicanos con presencia global (G. Ceballos y R. Dirzo) y cuatro grandes mujeres, publicó una severa catilinaria para los líderes globales que parecen no entender, ni en tiempos de COVID-19, que el manejo del mundo requiere un drástico cambio de rumbo (“Global Biodiversity Threats”, Frontiersin.org). Compilan la evidencia de 150 grandes estudios provenientes de organismos multilaterales, reportes de las grandes ONG ambientales y decenas de publicaciones académicas de síntesis que, puestos en la misma página, resultan en un panorama francamente aterrador, ante el cual palidecen los efectos de la pandemia actual. El mensaje es crudo y duro y así lo defienden: las ciencias deben decir lo que deben decir, sin edulcorante.

No se trata de turbas enardecidas que marchan mezclando causas y emociones con toda clase de mensajes, ni de medios de comunicación incendiarios. Tampoco, de comités gremiales o empresariales preocupados por la imposibilidad de persistir en un futuro catastrófico y que presionan desde el lobby la toma de medidas más efectivas: se trata de un conjunto de grandes mentes que llevan décadas revisando las trayectorias ambientales del mundo con el máximo rigor y entregan un mensaje muy duro a los gobiernos del mundo, básicamente diciéndoles que con su inacción o políticas ambientales simuladas están poniendo en riesgo la misma persistencia de las civilizaciones, una combinación de ignorancia e irresponsabilidad con temores electoreros, falta de creatividad y, en algunos casos, clara evidencia de corrupción al actuar en favor de intereses particulares.

Las evidencias, para los autores, indican que el futuro resultará mucho más peligroso de lo pensado y la escala de las amenazas a la biósfera será tan grande, que ya es difícil de dimensionar incluso para los expertos. No parecen existir las capacidades o liderazgos en el sistema político y económico actual para afrontar los desastres por venir, y la situación es tan crítica que impone una responsabilidad extraordinaria en los mismos científicos para hablar con precisión y sinceridad. Los expertos hacen referencia central a la gigantesca erosión de los servicios ecosistémicos que sustentan todo el bienestar en la Tierra.

Los datos, contundentes, confirman que en poco más de 10.000 años la humanidad ha destruido la mitad de la vegetación del planeta, extinguiendo el 20 % de su biodiversidad y poniendo en riesgo otro 40 %; las poblaciones de animales silvestres han decaído un 68 % y su biomasa un 25 %, mientras los insectos están desapareciendo rápidamente. Sólo queda el 15 % de los humedales del siglo XVII, el 75 % de los ríos de más de 1.000 km ya no corren sin represamientos y el 50 % de los arrecifes han desaparecido. Una catástrofe de biodiversidad que genera una disminución en la capacidad de captura de carbono, menor polinización, más degradación del suelo, disminución de la calidad de aire y agua, mayores y más frecuentes eventos de inundación e incendios, y un severo compromiso de la salud humana.

Más que un duchazo frío, se insiste en la subestimación de los peligros comprobados que acechan el bienestar básico de los humanos. El mundo pos-COVID debe reconstruir sus condiciones de funcionalidad ecológica, o la amenaza del colapso que se avizora no se podrá afrontar a tiempo. Feliz año…

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