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El riesgo de la pasión

Rocío Arias Hofman

21 de noviembre de 2008 - 08:27 p. m.

DURANTE EL TREPIDANTE SPRINT final que disputaron hace tres semanas Obama y McCain pudimos ver cómo las principales cadenas de televisión norteamericanas que se ven por cable en Colombia transmitían en sus cortes a comerciales un video de muy buena factura que sentenciaba algo tan inquietante como seductor.

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Un mensaje de brillo comercial y totalmente veraz del cual doy testimonio donde me digan: “Colombia, el único riesgo es que te quieras quedar”. ¡Gulp! Una campaña audaz para estimular a los turistas extranjeros a coger el primer avión y conocer la magia del país que publicita en el video Salvo Basile con su estruendosa y cálida risa napolitana. “Un golpe de opinión estratégico” pensé al ver el comercial pautado repetidamente en horario estelar. Debió costar un mundo de plata pero eso no ha sido lo que me tiene compungida en estos días de billeteras estafadas. Muy motivada por lo que acababa de ver decidí ingresar a www.visitcolombia.com, la web recomendada al final del video, y al conocerla el globo de mi ánimo hizo implosión cual pirámide demegiana.

¿Qué está pasando con la política de turismo en Colombia?, ¿quiénes están tomando decisiones fundamentales para promover el país, cuya imagen de por si está tan vapuleada en el exterior? La esquizofrenia es total. Mientras el comercial resalta dos características esenciales del país: su biodiversidad y la hospitalidad de los colombianos, el portal de internet es como un corcho de kínder donde cuelgan elementos que muy pocos turistas entenderán: mariposas amarillas revolando por doquier, sombreros vueltiaos, mochilas arhuacas, carrieles, chivas, acordeones, palenqueras, montañas, ríos, nevados, palmeras, aves del paraíso, guacamayas, tipos en bicicleta, carros, edificios, cúpulas como la de San Pedro Claver, patillas, bananos, tunjos, poporos, peces saltarines, olas rizadas, aviones, globos, no sigo porque me tiro el breve espacio de esta columna. Para enloquecerse. Contuve el aliento y pensé en el enorme riesgo de que en estos momentos nos estén viendo desde Suecia, Grecia, Inglaterra, Chile, Canadá o cualquier rincón del mundo virtual donde sabemos que cientos de millones de personas se asoman. ¿Qué significa este poupurrí gráfico tan ajeno al lenguaje de Internet? Por favor, antes de infartarse vayan a una de las mejores web del género turismo (está en el grupo de las 1.000 más consultadas del mundo) www.visitlondon.com y comparen no sólo el diseño sino también el contenido. Según el portal colombiano este país por el que sufrimos bastante es un “cuentico” alegrón y edulcorado que hace imposible lo que promueve “descubra Colombia, el país que cambiará su vida”. Intenten, por ejemplo, llegar al Cañón del Chicamocha, una de nuestras joyas. Es dificilísimo. No hay cómo. La página la diseñaron seguramente para otra cosa. Para contar la historia de Simón, el bobito.

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Es tanta la angustia que siento que consulto con una autoridad sobre el tema de turismo y promoción de país para que me explique si la pasión del corazón de Proexport es en realidad el corazón sin pasión del Ministerio o si más bien Colombia es un corazón apasionado y abandonado a la deriva. No me tranquilizan para nada sus respuestas. “Las decisiones que se toman en materia turística no son profesionales, falta audacia, se sigue el modelo de lo que funcionaba hace 12 años y no se ha entendido que el turismo obedece al deseo de la gente. Nuestro turismo se ha vuelto político y de planeación loca”.

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El Fondo Nacional de Turismo recibe recursos jugosos de los 5 dólares que paga cada uno de los 1.200.000 extranjeros que en 2007 nos visitaron y provenientes también de los impuestos parafiscales de entidades ligadas a las actividades turísticas. Además existe una fiducia creada en el gobierno de Gaviria con dineros hasta el 2010. Proexport maneja un presupuesto propio de más de 2 millones de dólares y a Colombia es Pasión la alimenta tanto el sector privado como el público. El problemita, como ven, no es de plata. Luego, ¿de qué es? El verdadero riesgo es enarbolar la respuesta y exigir seriedad. Qué pena, pero en tiempos de parapolítica, empantanado tlc, terroristas, estafadores y hermanos abandonados en la selva, guachadas como la descrita son peor que una mina quiebrapatas.

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