Por: Marc Hofstetter

El tal paro sí existe

“El tal paro nacional agrario no existe”, afirmó el presidente Santos en agosto de 2013. De esa declaración se arrepentiría profundamente: el paro, uno de muchos en su mandato, tomó fuerza y paralizó al país varios días. Su sucesor, con pocos meses en el cargo, ya pasó por un paro prolongado de universidades y de estudiantes y abortó uno de cafeteros con 100.000 millones de apoyo que no necesitaban.

Buena parte de los paros se levantan con la promesa de recursos para el sector vociferante: universidades, cafeteros y estudiantes, los últimos tres enfrentados por este gobierno, se silenciaron de esa manera. Pero Colombia es una democracia participativa donde los diferentes sectores y las diferentes demandas de la sociedad deberían estar representados en el Congreso  y éste, teniendo una mirada sobre los infinitos posibles destinos de los recursos gubernamentales, debería balancearlos apropiadamente. Cuando las decisiones de gasto público se hacen a través del chantaje, esa ponderación se pierde. Por ejemplo, los estudiantes consiguieron varios billones para la educación superior. Aplausos. Pero no hubo ni habrá una marcha que paralice al país pidiendo recurso para la primera infancia, a pesar de que los retornos sociales de esas inversiones superan con creces los de la terciaria. Y como tenemos una bolsa limitada de recursos, necesariamente los triunfos de los vociferantes se pagan con cargo a los silenciosos.

Lo preocupante del caso es que pareciera que las demandas sociales, que además con la consolidación de la clase media aumentan, se están tramitando de manera creciente a través de las vías de hecho en lugar de la representación política. Hay evidencia que respalda esa impresión: por ejemplo, la historia de búsqueda de las palabras “paro” y “senado” en Google en Colombia muestra una tendencia creciente en el tiempo para la primera que increíblemente supera en los últimos años a la segunda: hablamos más de paros que de senado.

 
 

¿Cómo movernos hacia un equilibrio donde las legítimas aspiraciones sociales se tramiten en la democracia representativa y no en las calles? Primero, urge una reforma política que permita partidos construidos alrededor de ideas que puedan representar esas demandas apropiadamente. Y segundo, el gobierno no puede negociar cada paro como un evento aislado, sin incorporar en esas negociaciones el hecho de que mandan señales a otros grupos sobre los retornos de vociferar. En ambos frentes este gobierno comenzó mal. Los puntos clave de la reforma política van de tumbo en tumbo en el Congreso. Y en el frente de los paros, a los cafeteros les regaló recursos innecesarios y en el paro educativo negoció un gran paquete primero con rectores y luego otro con estudiantes. Si los gritos tienen altos dividendos y la discusión política bajos, cada vez más ciudadanos sentirán la necesidad de moverse a la primera estrategia. Y lo que sale de ahí son malas políticas públicas y un camino pavimentado para soluciones políticas de tinte extremista.

Twitter: @mahofste

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Marc Hofstetter

Hidrantes con gasolina

¡Panorama fiscal despejado!

La negación

Comprando caro

Derecho a vetar obras