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El voto preferente

Alvaro Forero Tascón

24 de agosto de 2008 - 08:18 p. m.

LA ELIMINACIÓN DE LA FIGURA DEL voto preferente es quizá el elemento más necesario de una reforma política. Sin ella, la reforma que presente el Gobierno no estará dirigida a refaccionar verdaderamente el sistema político, sino a poner velos oscuros sobre sus llagas supurantes.

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El voto preferente es uno de los principales responsables de la crisis parapolítica, porque facilita la evasión de la responsabilidad política. Por el magnicidio paramilitar hoy no responde políticamente ni una sola persona o institución, porque las consecuencias se han limitado a la responsabilidad penal individual. Los partidos que detentan el poder estatal no están cubiertos por el manto de la ignominia, sino por el de la popularidad presidencial.

El voto preferente permite elegir a las personas con mayor votación de las listas, por encima de las ubicadas en los primeros lugares. Con ello impide la elección de personas con más ideas que votos, erosiona el aspecto programático y limita el poder de los partidos sobre sus candidatos.

Aunque los partidos políticos siempre buscan incluir grandes electores en sus listas, las cerradas sin voto preferente permiten un equilibrio entre candidatos clientelistas y candidatos programáticos. Eso obliga a los partidos a hacer esfuerzos por conquistar sectores de opinión por fuera de las clientelas, y permite que se elijan los dirigentes que mejor impulsan el ideario partidista. Pero sobre todo obliga a los partidos a responder por los actos de sus representantes, pues al definir las reales posibilidades de elección de los candidatos mediante la asignación de los puestos en las listas, son los propios partidos quienes terminan decidiendo quién sale elegido, y quién no.

El voto preferente es un instrumento democrático para desmontar las dictaduras partidistas. Pero en un país en que el poder político reside en el control burocrático de las administraciones regionales y locales, el voto preferente reproduce un círculo vicioso perverso: el roscograma en que sólo es elegido quien tiene clientela, y que tiene clientela quien se subordina al Ejecutivo.

A pesar de que sobra evidencia sobre el papel esencial que juega el voto preferente en el roscograma clientelista que tiene secuestrado al sistema político, son pocas las posibilidades que desaparezca. Desde que la comisión de notables propuso suspenderlo durante dos elecciones, el presidente Uribe desestimó la iniciativa. En lugar de asumir la responsabilidad de instaurarla, trasladó la responsabilidad política al Congreso con el argumento de que los parlamentarios no la aprobarían.

Pero en realidad su aprobación no es imposible. Los partidos de oposición podrían apoyar la medida. También un buen número de políticos que por su prestigio tienen asegurado buen puesto en las listas de sus partidos, y que verían con júbilo la posibilidad de reducir los enormes esfuerzos que les exige la “manzanilla”, para dedicarse al ejercicio de una política más alta. Los votos que faltarían, podría conseguirlos el Presidente revalidando el mandato “contra la corrupción y la politiquería” que le confirió el pueblo en la elección presidencial de 2002.

*Analista político, investigador en opinión pública.

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