Por: Mauricio Botero Caicedo

¡En vez de reglamentarlos, cortarles la luz!

En el año 1989 se derrumbó el Acuerdo Internacional del Café. Sin embargo, la “institucionalidad” cafetera, que controlaba hasta el último grano del mercado, no fue capaz de percatarse de las enormes consecuencias que implicaba el cambio de modelo. La Federación de Cafeteros durante muchos años luchó en vano para revivir el moribundo pacto, sin darse cuenta de que lo que tenía que hacer era ajustarse a las nuevas realidades del mercado libre. Dentro de estas nuevas realidades estaba el explosivo surgimiento de los “cafés especializados”, segmento que hoy tiene el 55 % de participación en un mercado de US$48.000 millones. Por su clima, sus excelentes variedades arábigas y su estructura de pequeños propietarios, Colombia se hubiera convertido en el dueño y señor de los “cafés especializados”. Por esta razón, Starbucks invitó a la Federación a invertir en esa empresa. Hoy somos un participante marginal en el negocio de los “cafés especializados” y nos mantenemos en la torpe política comercial de vender “Café de Colombia” en vez de hacer un esfuerzo monumental para posicionar exclusivamente los cafés de origen específico.

Y si bien nos dejó el tren de los “cafés especializados”, es muy probable que también nos deje el tren del cannabis. Según informes de prensa, Altria, la tabacalera matriz de Philip Morris y Marlboro, anunció la semana pasada una inversión de US$1.800 millones en la empresa canadiense Cronos para desarrollar el emergente mercado global del cannabis, que aseguran va a tener un “rápido crecimiento” durante la próxima década. El interés global en el mercado del cannabis se ha multiplicado en los últimos meses en EE. UU., sobre todo tras la legalización de la marihuana en California, el mayor estado del país, y por el crecimiento de los usos terapéuticos de la planta. La canadiense Canopy Growth, una de las rivales de Cronos, recibió este año una inversión de US$4.000 millones por parte de Constellation Brands, el grupo que fabrica la cerveza Corona, atraída por la posibilidad de elaborar bebidas que incluyan cannabis. Además, desde hace meses los mercados especulan con la posibilidad de que Coca-Cola entre también en este negocio por medio de la empresa Aurora. Algo que ya ha hecho la cervecera Heineken, que ya vende su cerveza de cannabis en California.

En relación a la marihuana, el editorial de Portafolio del pasado 3 de diciembre afirma: “Colombia está obligada a reflexionar qué pasos dar… a sabiendas de que las mismas ventajas comparativas que nos hicieron un gran jugador en flores nos abren un campo inmenso en el caso del cannabis. Ojalá no lleguemos tarde a esa fiesta”. Y no es una fiesta menor: los últimos datos de Arcview, una de las consultoras de referencia, revelan un gasto global en marihuana legal de US$9.500 millones en 2017 (8.500 en Estados Unidos, 600 en Canadá y 400 en el resto del mundo). La previsión de Arcview es que llegue a US$12.900 millones este año y siga creciendo a ese ritmo hasta los US$32.000 millones en 2022. Los colombianos no hemos entendido lo que los estadounidenses, los canadienses y los europeos entendieron hace tiempo: un mercado legal que paga impuestos es preferible a uno ilegal que se mueve en las tinieblas. Todo aquel que pretenda producir y exportar cannabis debe estar en plena capacidad de hacerlo, bajo unas reglas de juego previamente establecidas. Aquí, solo se nos ocurre cortarles la luz a los cannabicultores.

 

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