Por: José Fernando Isaza

Encuestas

La reciente encuesta de Invamer muestra la clara posibilidad de que una alianza de centro (con alguna tendencia a la izquierda moderada) pueda derrotar en las elecciones presidenciales a la extrema derecha.

La polarización, en los próximos meses, lejos de disminuir va a acrecentarse; esto no es necesariamente negativo; el país votará por propuestas y no necesariamente por nombres o partidos. Los temas de corrupción, paz, políticas de salud y empleo, unidos a las propuestas de mantener, ampliar o reducir los derechos de las minorías sexuales o étnicas y regionales estarán en el orden del día.

No es fácil la coalición del centro; requiere que destacados líderes políticos y de opinión como Jorge E. Robledo, C. López, S. Fajardo y H. de la Calle renuncien, si pierden en una consulta previa, a sus legítimas aspiraciones y apoyen con todo entusiasmo y lealtad a quien tenga la mejor posibilidad de obtener el voto del elector. Con escasas excepciones, el centro y la izquierda moderada tienden más a dividirse que a actuar unidos en los procesos electorales; la candidatura de Carlos Gaviria fue una de las excepciones. Un hecho que muestra la posibilidad de unión de centro-izquierda fue la escogencia del candidato del Partido Verde: A. Navarro aceptó lealmente a la ganadora Claudia López y juntos se encaminan a la próxima alianza o elección.

Lo que podía denominarse izquierda ortodoxa, cuyos representantes son G. Petro y P. Córdoba, no parece tener hoy una aceptación que les permita llegar a la segunda vuelta y ganar. P. Córdoba, valiente defensora de los derechos humanos y comprometida con el proceso de paz, enfrenta una campaña mediática que la sindica de ser parte de la antigua guerrilla de las Farc; por otra parte, su relación con Chávez y hoy con Maduro poco le ayuda con el electorado colombiano. De G. Petro puede afirmarse que su simpatía con el socialismo del siglo XXI y su silencio frente a la debacle en Venezuela, unidos a que la mayoría de los encuestados piensan que Colombia puede llegar a ser un régimen castrochavista, lo alejan de la predilección del electorado. Si a esto se le suma su ineficiente administración cuando ejerció como alcalde de Bogotá, se entiende por qué va reduciéndosele la intención de voto.

Como en casi todas la encuestas, esta tiene un sesgo que se puede llamar “corrección política”. Colombia es un país de derecha y muchos piensan que la guerra debe continuar y que el Estado debe desconocer los pactos logrados con las Farc, “hacer trizas los acuerdos”; que quienes se alejen de la “moral tradicional” —los homosexuales, las lesbianas, los transexuales, etc.— no deben tener los mismos derechos que las “personas normales”, y que quienes pertenecen a las minorías étnicas no deben tener la misma protección del Estado que la “gente bien”; y a la vez, quienes reconocen que pensar así es “políticamente incorrecto”, en su fuero interno aceptan la discriminación y desean una guerra permanente. Saben que la mayoría de los candidatos de derecha convertirían en políticas públicas el regreso al pasado y votarían por ellos, pero por “corrección política” al contestar una encuesta dicen que votarían por alguien del centro. La encuesta muestra un deslizamiento de votos del C.D. hacia Fajardo. Los resultados del triunfo del No, y de Trump, contrarios a las predicciones de la mayoría de las encuestas, pueden avalar la anterior hipótesis.

 

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