Por: Piedad Bonnett

¿Es Dios una ilusión?

La semana que entra el etólogo y biólogo evolutivo Richard Dawkins, conocido divulgador científico y ateo militante, debatirá en Bogotá, Medellín y Cartagena con el sacerdote jesuita Gerardo Remolina, filósofo y teólogo, a partir de una pregunta: ¿Es Dios una ilusión? El sólo título del debate debe tener espeluznado a más de uno, y con síncope a otros muchos, pues, como dice Dawkins, es completamente tabú dudar de la existencia de Dios o criticar la religión. De eso —dice en una de sus populares conferencias TED, citando al escritor y guionista inglés Douglas Adams— “sencillamente no se puede hablar. ¿Por qué? ¡Porque no! Se considera perfectamente legítimo apoyar a republicanos o a demócratas, un sistema económico en contra de otro o elegir entre Macintosh o Windows”, pero no discutir sobre el creacionismo o la existencia de Dios.

Dawkins es un hombre brillante, gran expositor, con imaginación y rigor investigativo, que sostiene que la idea de Dios es una teoría como cualquier otra, que el creacionismo —que bajo el nombre de “diseño inteligente” trató de imponerse no hace mucho en las escuelas norteamericanas con el apoyo de George Bush— carece de todo soporte científico, y que las religiones no sólo son incompatibles con el pensamiento científico, sino que se nos imponen acríticamente, enseñándonos a “aceptar la autoridad, la revelación y la fe en vez de buscar la evidencia”. Porque está convencido de que la religión es “corrosiva” para la ciencia, Dawkins ha hecho del ateísmo una militancia, que, sin embargo, no sólo no es agresiva sino que se alimenta de un enorme sentido del humor y del sano escepticismo que es natural en alguien que parte de las teorías neodarwinistas de la evolución, que lo hacen concluir que el universo carece de propósito.

Por supuesto que Dawkins tiene sus detractores, que lo acusan de simplificar la idea de Dios, de ser un racionalista a ultranza incapaz de pensamiento simbólico y hasta de ser un impostor. Esto será algo que cada lector de sus libros y cada asistente a sus charlas tendrá que juzgar. Pero lo que está por encima de toda duda es la importancia de un debate de este tipo en un país que se dice moderno, pero donde los fundamentalismos son el pan de cada día, donde la religión ha sido siempre usada por los políticos para ascender al poder —y ahora con las iglesias cristianas cada vez más— y donde todavía hay personajes como el exprocurador Ordóñez que se preguntan si la salud de las familias y la educación de los hijos pueden estar en manos de un ateo.

El “contendor” de Richard Dawkins será el respetado sacerdote jesuita Gerardo Remolina, un hombre con fama de ecuanimidad, que tiene numerosos estudios, una larga trayectoria académica que incluye nueve años como rector de la Javeriana y un libro reciente sobre el tema de la existencia de Dios. Él será vocero de los colombianos católicos y le deseamos la mejor suerte. Los ateos, por otra parte, no solo esperamos que este debate ponga sobre la mesa la pregunta sobre la posibilidad de que Dios sea otra cosa que un señor bueno que atiende nuestras oraciones, sino que empiece a derrumbar la idea anacrónica de que ateísmo y perversión son la misma cosa.

 

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