Por: Víctor de Currea-Lugo

Es la ocupación, embajador

El 5 de diciembre, el embajador de Israel en Colombia publicó una columna en El Espectador explicando su punto de vista sobre el reconocimiento de Palestina como Estado.

Más allá de lugares comunes, cae en los errores de siempre: tratar de confundirnos mezclando el proceso de paz con lo que autónomamente decida la Asamblea General de la ONU, desconociendo que son dos procesos distintos. Al contrario, el reconocimiento de Palestina contribuye a la paz porque pone a las dos partes del conflicto en igualdad de condiciones.

Insiste en un supuesto “fin de la ocupación de Gaza” en 2005, cuando Israel movió sus asentamientos (todos ellos ilegales) hacia Cisjordania. Otra mentira, porque la ocupación va más allá de los asentamientos, pues incluye los controles militares que por tierra, mar y aire sufren los palestinos.

Olvida que Israel fue reconocido Estado miembro de la ONU en 1948 si respetaba las resoluciones 184 y 191 (una de ellas sobre los refugiados palestinos), sin que hasta hoy Israel haya pagado algún precio por su violación sistemática, y sin embargo sigue siendo miembro de la ONU.

Israel dice que no negociará con terroristas, pero olvida que el peor ataque realizado en Jerusalén fue hecho por un comando judío contra el Hotel Rey David, por terroristas que después fueron ministros de Israel.

No hay ni una mención al derecho internacional, no dice nada del muro y de la anexión de Jerusalén. Tampoco alude a los nuevos asentamientos que le valieron el rechazo de varios gobiernos europeos.

Sugiere, lo que ya ha dicho antes, que “Gaza es una entidad enemiga”, lo que “justifica” el ataque contra todos los palestinos de allí, muy en concordancia con lo recién dicho por el hijo de Ariel Sharon: “Los verdaderamente inocentes son los residentes del sur de Israel. Los habitantes de Gaza no son inocentes, eligieron a Hamás”. Gilad Sharon concluye que la fórmula de Hiroshima es la mejor para resolver el problema de Gaza.

El embajador trastoca los nombres, donde la comunidad internacional dice “Cisjordania”, él dice “Judea y Samaria”, e insiste en el inveterado error de sugerir que la capital de Israel es Jerusalén y no Tel Aviv (ningún país tiene su embajada en Jerusalén, ni siquiera los EE.UU.).

El embajador contradice a 138 estados y a sus expertos, desconoce el derecho internacional, reduce los palestinos a Hamás y no reconoce el creciente aislamiento israelí en la arena internacional, tanto por sus ataques a Gaza como por su desafío a la comunidad internacional. Y olvida lo más importante: el problema de base no es el terrorismo, es la ocupación, señor embajador.

 

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