Por: Iván Mejía Álvarez

Es lo que hay

De todo, como en supermercado de grandes superficies, se ha dicho en los medios sobre el juego inicial de la final de la NQS entre Millos y Santa Fe. Para algunos, a grito herido, fue un partidazo que lo tuvo todo. Para otros, con voz apagada y encuestas de por medio, fue un partidito escaso de fútbol y que no dejó contentos más que a los ganadores.

No fue un partidazo en materia técnica. Pero no se podía esperar más entre Millonarios y Santa Fe, dos equipos con técnicos apegados al resultado que trabajan muy bien la parte defensiva, que se sienten a gusto esperando y contragolpeando, dos equipos que fueron leales a lo que han expresado durante todo el torneo. Fue bueno en la intensidad, en el ritmo, en la entrega de los protagonistas, y eso era lo mínimo que se podía esperar de esos dos equipos en una final, ganas y coraje.

Que sea intenso y vehemente no oculta las deficiencias en cuanto a talento y juego. Millonarios sólo tiene un jugador que piensa, Macallister Silva, los demás, incluido este lagunero y desconfiado en sus condiciones Hárold Mosquera, corren, luchan, meten y forcejean dentro de sus limitaciones. Santa Fe tiene el talento escondido en el banco, pues ya no da para 90 minutos. Cuando llega Ómar Pérez alguien enciende la luz y los rojos se acuerdan de jugar, de tocar, de asociarse, de resto es un equipo conducido por los infatigables “tractores” del mediocampo, Gordillo-Roa-Perlaza, con escasa creatividad e inventiva.

Esta vez definió la pelota quieta a favor de Millos como en otras oportunidades el resultado lo ha conseguido Santa Fe por la misma vía. No parece que el juego de hoy vaya a ser diferente, porque los protagonistas, con sus virtudes y carencias, son los mismos y el partido será de hacha y tiza luchando por imponerse en el medio, intentando cercenar el juego adversario, esperando una oportunidad para montar una descolgada en la transición ofensiva.

Santa Fe llega con el peor escenario posible. Abajo en el marcador y con la obligación de jugar, de elaborar, de pensar, de ponerle inteligencia a un partido que no puede intentar ganar a punto de corazón y presión. Se requiere mucho más que la espera de una pelota quieta, se necesita jugar, y ese es uno de los puntos débiles del elenco rojo, porque no tiene quién piense y arme. O mejor, sí lo tiene, pero está en el banquillo.

No va a ser diferente. Algunos dirán que esta película ya la vieron.

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