Por: Jaime Arocha

Estéticas coloniales

23 de octubre, Museo del Oro: las palabras de Sally Price hacen más contundentes los argumentos de su libro Paris Primitive, a propósito de esa museografía que silencia las voces de las víctimas del colonialismo, pero privilegia las de historiadores de arte franceses.

Toma forma en el guión de dos espacios espectaculares, el Museo Quai Branly junto a la Torre Eiffel y aquella ala del Museo del Louvre conocida como Pabellón de las Sesiones, la cual le dio vida a un sueño del presidente Jacques Chirac, despreciado por muchos curadores: que fetiches oceánicos, figuras de Gabón o máscaras inuit compartan el mismo espacio con Mona Lisa. Expuso cómo Jean Nouvel diseñó las áreas para exhibir colecciones de objetos “primitivos” que antes albergaban los museos del hombre y de las artes de África y Oceanía. Incluye el caos planificado de los jardines que ideó Gilles Clément para ambientar lo que para el eurocentrismo son “misteriosos” y “enigmáticos” objetos demeritados mediante palabras como “ídolos” y “fetiches”. El proyecto comenzó en el decenio de 1990 bajo autoridades como las del antropólogo Maurice Godelier, con la meta de actualizar y perfeccionar la contextualización etnográfica que había caracterizado a los museos que se cerrarían. Sin embargo indicó cómo a lo largo del trayecto dominó el pensamiento de Jacques Kerchache, coleccionista y marchante de “arte primitivo”, para quien lo fundamental era que la estética de las piezas conmoviera a los visitantes. De ahí el minimalismo pedagógico de fichas y ayudas digitales, el silencio al cual sometieron a los artífices de colecciones contemporáneas y la anulación de su voto acerca de cómo exhibirlas. Habló de piezas puestas patas arriba para que no desentonaran con la arquitectura del museo.

Esa misma visión crítica de Price incluyó el espacio que albergaba su charla, reformado hace cinco años siguiendo el paradigma del Quai Branly: ¿dónde aparecían los miles de piezas de oro convertidas en las custodias y copones que albergan las catedrales españolas? ¿Qué muestras había sobre la esclavización de los africanos y el oro que ellos produjeron a lo largo de la Colonia y hoy siguen produciendo?

—Podríamos montar unas exposiciones temporales al respecto—, fue una de las respuestas del staff del museo colombiano. Era evidente que aún estaba por cumplirse la política estatal que delinea nuestra Constitución en cuanto a la inclusión nacional de la gente india y negra. El fracaso de los partidos políticos para instaurar ese ideal se evidencia hasta en el lenguaje que usa el director del Instituto Colombiano de Antropología e Historia para anunciar la exposición que montará en el Museo Nacional: “El regreso de los ídolos”. Esa es una palabra oprobiosa derivada de la noción de idolatría a la cual apelaron los colonizadores para deshumanizar a indígenas y africanos. Sin embargo, enmarcará la conmemoración del primer siglo que cumplieron las exploraciones arqueológicas del alemán Konrad Theodor Preuss en San Agustín. Ojalá la voz que el segundo acuerdo de La Habana con las Farc intenta otorgarles a los movimientos sociales contribuya a que de verdad se realice la utopía de la nación incluyente añorada por lo menos desde 1991.

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