Por: Jaime Arocha

Ética, fosas comunes y chuzadas

RETOMO PREOCUPACIONES DEBIDAS al documental Colombia, a la hora de la paz, que History Channel transmitió el 31 de mayo.

El canal Jozzer de YouTube registra entre 1.500 y 2.000 reproducciones de los seis segmentos en que fue dividido, así como comentarios que le hacen eco a la condena oficial a su realizador, Hollman Morris, dizque por ser propagandista de las Farc. Sin embargo, hay menos objeciones por el ocultamiento oficial de los sobrevuelos que casi echan a pique la liberación de los tres policías y el soldado que, en febrero de 2009, negociaron Colombianos y Colombianas por la Paz. Este desbalance corroboraría la idea de que los espectadores reeditan lo que ven de acuerdo con sus intereses y que en este caso muchos se niegan a aceptar que el propósito central de la película es denunciar que el deterioro moral no sólo es constatable entre todos los protagonistas del conflicto armado en Colombia, sino que es responsable de la prolongación de esta guerra durante medio siglo.

Con respecto a las Farc, el video no titubea explicando que se ganaron desprestigio y repudio financiándose mediante secuestro, extorsión y gramaje exigido a los cultivadores de coca. Además, retrata exhumaciones a cargo de la Fiscalía en un campo que esos guerrilleros llenaron de minas antipersona en Antioquia. Terminada la diligencia, quedan paquetes plásticos llenos de huesos para la investigación forense. A uno de ellos se le abalanza una mujer. Llorando, lo abraza, diciéndole al camarógrafo que por fin cesaron los años de incertidumbre por la búsqueda de su marido.

Mientras volvía a ver esas escenas, el pasado 11 de julio también leía en el New York Times que la administración de Barack Obama titubeaba frente a las investigaciones por las fosas comunes con miles de prisioneros de guerra talibanes ejecutados por el general Abdul Rachid Dostum, una especie de ex paramilitar afgano, quien figuraba en la nómina de la CIA a finales de 2001 y hoy comanda las fuerzas armadas del gobierno del presidente Hamid Karzai. El fin de controlar acciones de los talibanes también justificó otros medios inhumanos, como los de chuzar clandestinamente las llamadas internacionales de los norteamericanos del común. El presidente Bush alegó que servían para salvar vidas americanas (véase la edición del N.Y. Times 11 de julio). Hoy, esa política es objeto de una investigación senatorial, pero ojo, no tanto por las violaciones de las libertades individuales que acarreó, ¡sino por su ineficacia!

Entonces, uno concluye que el deterioro ético —consistente en justificar los medios por el fin— también está globalizado. Aquí tomamos nota de las violaciones de allá y las aplicamos al amparo de un marco de referencia ético-político deletreado por los hechos comentados: (1) poco avanzan las investigaciones relacionadas con fosas comunes, cuando a ellas las han cavado paramilitares afectos a las fuerzas armadas oficiales en su lucha antiterrorista, y (2) así violen derechos ciudadanos, las chuzadas electrónicas clandestinas son justificables si demuestran efectividad para identificar enemigos. La diferencia entre los escenarios globales y los locales estaría en el maquillaje de los medios a los cuales apelan: allá, pueda que presidente y fuerzas de seguridad los reconozcan y justifiquen por la eficiencia antiterrorista. Sin embargo, al ciudadano del común le queda una esperanza cada vez más tenue en Colombia: que la separación y autonomía de los tres poderes llegue a favorecerlo.

* Grupo de Estudios Afrocolombianos

Universidad Nacional

 

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