Por: Catalina Ruiz-Navarro

¡Evelyn, libre!

El Salvador es uno de los seis países en el mundo en donde el aborto está prohibido en absolutamente todos los casos. También está criminalizado: una mujer que tenga un aborto espontáneo puede llegar a ser condenada a 40 años de prisión; basta con que alguien les avise a las autoridades.

En 1998 se hizo una reforma constitucional en El Salvador para proteger la vida “desde la concepción”. Es una premisa que se muerde la cola y su resultado son muchas mujeres muertas. La periodista salvadoreña Laura Aguirre, en un reportaje para El Faro, cuenta que “según el propio Ministerio de Salud (Minsal), más del 90 % de las muertes maternas registradas en el país son prevenibles”. Esas muertes corresponden, en su mayoría, a mujeres pobres y con poco acceso a la información sobre sus derechos sexuales y reproductivos. Lo decimos las feministas siempre: el aborto es un problema de clase, porque las salvadoreñas que tienen los medios para viajar al extranjero, por ejemplo, a Ciudad de México, para practicarse un aborto legal y seguro, lo hacen sin pensarlo dos veces: ninguna mujer que pueda evitarlo se quedaría en un lugar en donde las opciones son morir o ir a la cárcel.

Evelyn Hernández, una salvadoreña de 18 años que tuvo un parto extrahospitalario en la letrina de su casa, no tenía esa posibilidad. Su familia la llevó al hospital, en donde fue denunciada por el médico que la atendió. Evelyn ni siquiera sabía que estaba embarazada cuando esto sucedió; había sido violada de forma sistemática por un pandillero y nunca lo denunció porque el agresor la amenazó con matar a su madre. Unos meses después empezó a sentir dolores en la barriga. Luego tuvo un aborto espontáneo. Evelyn fue acusada de “homicidio agravado en la modalidad de comisión por omisión” y la Fiscalía pedía 40 años de cárcel. Es un tipo penal que sirve para decir que en El Salvador “no hay condenas por aborto”, porque la situación es peor: las mujeres están condenadas por homicidio. Evelyn fue condenada a 30 años de cárcel en 2016.

Gracias al trabajo de grupos feministas nacionales e internacionales y a su abogada, Bertha de León, lograron que la Corte Suprema anulara la sentencia y esta semana, y luego de tres años de reclusión, Evelyn por fin tuvo justicia y libertad: “Les agradezco a todos los países que estuvieron pendientes. Le agradezco a mi madre por acompañarme siempre, porque sé que este tiempo ha sido duro, que tenía que ver cómo me acusaban de algo de lo que soy inocente”, dijo en sus primeras declaraciones.

Esta es una victoria muy importante para los movimientos de mujeres de Latinoamérica, la región del mundo con las leyes más restrictivas en materia de aborto, porque sienta un precedente para que otras mujeres encarceladas por las mismas razones que Evelyn puedan luchar por su libertad. Pero la libertad no basta, la lucha por el derecho al aborto es una lucha por la ciudadanía plena de las mujeres, por nuestra autonomía para decidir qué es lo mejor para nuestras vidas y con los recursos y oportunidades para vivir esos proyectos de vida. La libertad de Evelyn es una esperanza para todas las mujeres de la región.

@Catalinapordios

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2019-08-22T00:00:50-05:00

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2019-08-22T09:56:20-05:00

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