Por: Mauricio Botero Caicedo

Faltando menos de diez minutos

No sorprende que el gobierno saliente, en los últimos dos meses, hubiera dejado 34 nombramientos en el servicio diplomático. Pero bastante más grave que la indelicadeza es el reconocimiento del Estado de Palestina y los 409 decretos adoptados por la Casa de Nariño a escasos 60 días de terminar el mandato, porque dicho reconocimiento y decretos torpedean la libre ejecución de los programas de gobierno del presidente Duque. Es como si en una jornada laboral de ocho horas, faltando menos de diez minutos, se impusieran todo tipo de cortapisas para boicotear la labor del sucesor.

Entre los 409 decretos que deja la pasada administración, hay dos que merecen ser revisados de manera inmediata. El primero es el llamado de la Línea Negra, decreto que extiende el territorio ancestral de las comunidades indígenas de la Sierra Nevada (arhuaca, kogui, wiwa y kankuamo) hasta las áreas metropolitanas de Santa Marta, Valledupar y Riohacha, y las zonas agrícolas y ganaderas de los departamentos del Magdalena, Cesar y La Guajira. Con este decreto llevar energía, gas natural o redes de telefonía celular a las familias asentadas en esas zonas va a requerir el permiso previo de unas comunidades indígenas que ni siquiera están en esas poblaciones. Como con precisión lo señala el analista Indalecio Dangond, con el decreto firmado por Santos el desarrollo de las zonas agrícolas y ganaderas de estos departamentos se va a complicar enormemente: “Ya varias solicitudes de créditos para la siembra de nuevos proyectos de banano orgánico y la construcción de proyectos hoteleros en la zona de Palomino comenzaron a verse afectadas por esta apresurada medida. La misma suerte correrán los nuevos proyectos de inversión en los sectores portuario, industrial y residencial… La Línea Negra que nos deja de regalo de despedida el presidente Santos sólo traerá más corrupción, atraso social y económico a la región Caribe”.

El segundo es el Decreto n.° 1417/18 del 3 de agosto, el cual amplía y modifica de manera significativa el acompañamiento de la CSIVI y que les permite a las Farc pedir directamente cooperación internacional, amplía sus funciones (proponer acciones para el cumplimiento, acordar planes para cumplimiento, actuar como instancia de interlocución y coordinación con la ONU, analizar informes trimestrales, impulsar Plan Marco de Implementación, impulsar pedagogía, recomendar medidas para planes de inversión, fomentar mecanismos de participación ciudadana) y amplía sus sesiones (exclusivas, técnicas, ampliadas). En pocas palabras, dejaron repotenciado el cogobierno de las Farc en la CSIVI.

Finalmente, lo de Palestina amerita revisión inmediata.

Apostilla. Me adhiero a lo escrito por Isabel Segovia en su columna en El Espectador: “Sin embargo, lo verdaderamente asombroso de su respuesta (de Santos) fue que se refirió a Cristina Plazas como «una niña que acogimos en el gobierno por siete años…». ¿Niña? ¿De verdad? Cristina tiene la edad de nuestro actual presidente, y que yo sepa nadie se refiere a él como «niño»… Describir a Cristina Plazas como niña es machista y paternalista. Además de lo obvio, no es correcto catalogar a alguien con más de 20 años como niño; su hoja de vida evidencia que es una mujer con experiencia, que ha ocupado varios cargos en el sector público y que como mínimo al referirse a ella sería correcto decir la exfuncionaria…”.

 

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