Gambito de dama

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Inspirada en la vida del genial Bobby Fischer, la reciente miniserie de Netflix ha batido varios récords de audiencia. La serie narra la compleja vida de Beth Harmon desde que el conserje del orfanato le enseñó a mover las fichas a los ocho años, hasta que logra ser campeona mundial de ajedrez en 1972.

La asesoría de Kasparov (campeón mundial entre 1985 y 1990) y de Pandolfini (destacado entrenador), es visible a lo largo de siete capítulos en la manera como los jugadores mueven las fichas, recrean partidas, las referencias que hacen a las aperturas de los mejores jugadores y al clima que generan antes y durante los enfrentamientos. Miguel Illescas, Gran Maestro Internacional, comenta que los actores “parecen profesionales” por la manera como toman las fichas y juegan.

Más allá de la bella escenografía con la que logran recrear los años cincuenta y sesenta, así como el drama muy bien armado que consigue Walter Tewis (1983) en la novela en la que se basó la serie, quisiera destacar dos aspectos relacionados con la educación: la exclusión de las mujeres del juego profesional y las grandes posibilidades educativas del ajedrez.

Tan solo el 2,7% de los grandes maestros son mujeres. ¿Por qué pasa eso? ¿Es un juego en el que poseemos ventajas los hombres? Dos de los más grandes jugadores de ajedrez en la historia, así lo concluyeron. En los años 70, el excampeón mundial Bobby Fischer, pensaba que las mujeres eran demasiado “débiles” y “estúpidas” para el ajedrez. Y el propio Garri Kasparov, había dicho en 1989: “El ajedrez no es cosa de mujeres [...] las mujeres son luchadoras más débiles”.

En buena medida la serie busca demostrar la fortaleza de las mujeres en la vida a través del ajedrez. El escritor de la novela en la que se basó la serie, fallecido en 1984, en un artículo publicado en The New York Times, catalogó su obra como “un tributo a las mujeres inteligentes”. Sin duda, lo logra.

El supuesto del que partían Kasparov y Fischer fue sometido a análisis estadístico por parte de Wei Yi, profesor de Neurociencia y Psicología de la Universidad de Nueva York. El trabajo que hizo fue sencillo pero muy interesante. Promedió en la India los 19.000 jugadores profesionales y dividió los promedios que le asigna a cada uno la Federación Internacional, por el resultado alcanzado en los torneos en los que participa. Lo más sorprendente fue cuando evidenció que el promedio de las mujeres era de 1.446, superior al de los hombres que era de 1.434. Eso no era visible para las personas, porque el 94% de los jugadores eran hombres y el 6% eran mujeres. Dado lo anterior, los más destacados jugadores, eran hombres de manera casi generalizada. Lo que demostró el profesor, es que dicha diferencia se debía a la desproporción que existía entre jugadores según género. No sobra recordar que India es el segundo país con mayor número de ajedrecistas. A nivel mundial la proporción de jugadoras profesionales es más baja que en India. A partir de 35 años, tan solo el 2,2% de los jugadores federados son mujeres. Si es así, es comprensible que el 2,7% de los grandes maestros en el mundo sean mujeres.

La segunda idea que quiero destacar es el enorme potencial que tiene el ajedrez en educación, en mayor medida si se tiene en cuenta que la matemática sigue conservando el título del área de enseñanza más tradicional en la escuela. En consecuencia, también es el área de menor impacto en el desarrollo del pensamiento, porque pensar tiene que ver con la comprensión, el análisis y la interpretación. Así pues, las enseñanzas que no se comprenden y transfieren a diversos contextos, no pueden favorecer los procesos de pensamiento. Los jóvenes no entienden casi nada de lo que les enseñan de matemáticas en los colegios. Según PISA (2018), el 66% de los estudiantes de 15 años no han entendido nada de la matemática que han trabajado en los diez años anteriores. Por eso permanecen en los niveles 0 y 1. ¡El 66% de los estudiantes colombianos perdieron el tiempo y la motivación en las clases de matemáticas!

En sentido estricto, en los colegios y universidades no se enseñan matemáticas, sino algoritmos mecánicos y rutinarios que, precisamente por eso, son desmotivantes, poco comprensibles y pueden ser realizados por calculadoras o programas informáticos. Para verificarlo, le pido al lector que intente definir qué es una integral, una derivada, un logaritmo o una ecuación diferencial de segundo grado o que explique qué pasaría en el mundo real si no existieran. A pesar de que los tenemos que utilizar cientos de veces en las clases durante años, prácticamente ninguno de los anteriores conceptos suele ser adquirido en la educación básica o superior, simplemente resolvemos operaciones mecánicamente. Isócrates decía que “las matemáticas son la gimnasia del espíritu y una preparación para la filosofía”. En nuestro caso, todavía estamos lejos de lograrlo. La belleza estética, la poesía y la enorme potencia lógica de la matemática ha sido reemplazada por procesos mecánicos, rutinarios y profundamente descontextualizados en las aulas de clase.

El ajedrez cumple un papel muy importante para desarrollar pensamiento estratégico al llevar a quien juega a pensar su siguiente jugada a partir de la que supone realizará el contrincante. Esto en matemáticas se llamaría modelación. Obliga a simular escenarios posibles y a construir cadenas hipotéticas de movimientos. Esas son dos de las características esenciales del pensamiento formal. Antes de poder lograr estas operaciones complejas, jugar ajedrez ayuda a desarrollar otras competencias fundamentales como clasificar, diferenciar roles y valorar estrategias diversas.

Pensar tiene que ver con tres aspectos: diferenciar conceptos, consolidar procesos de pensamiento y desarrollar la metacognición o la posibilidad de pensar sobre lo que hemos pensado. El ajedrez tiene especialmente que ver con los dos últimos aspectos. Favorece la clasificación, la formulación de hipótesis y la elaboración de cadenas deductivas. Al hacerlo, consolida el pensamiento hipotético-deductivo y ayuda a revisar y evaluar las estrategias que usamos. De allí que con frecuencia los jugadores registren sus partidas para revisarlas posteriormente. Así mismo, el ajedrez favorece la flexibilidad del pensamiento al brindar diversas opciones ante una misma situación.

Judit Polgár, la mejor jugadora de la historia, comenta al respecto: “Mientras veía la serie tuve algunos momentos de déjà-vu”. Danna Scolly, en la serie de Archivos X, inspiró a toda una generación de futuras científicas. Ojalá Beth Harmon logre algo similar, promoviendo el ajedrez entre las mujeres. Que las mujeres se empoderen enriquece la vida humana para todos. Lo mismo pasaría si comenzáramos a enseñar a pensar matemáticamente y dejáramos atrás los aburridos y mecánicos algoritmos. Gambito de dama es una apertura en la que se sacrifica un peón con el objetivo de ganar el control en la parte central del tablero. El contrincante lo puede aceptar o rechazar. Mi invitación es a aceptar la vinculación del ajedrez a nivel escolar y a superar la frecuente discriminación que sufren las mujeres en el ajedrez y en la vida.

P.D. Después de un año inédito, esperamos que en 2021 avancemos en el control del virus, fortalezcamos el derecho y la calidad de la educación y aprendamos a amar la vida de todos los colombianos.

* Director del Instituto Alberto Merani (@juliandezubiria).

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