Por: Columnista invitado EE

Gaseosa no mata tinto

Por: Leonor Espinosa *

Preservar el abastecimiento del sector salud y la protección de la población vulnerable es de primera necesidad; empero, en tiempos aciagos todos somos frágiles, urgidos de la ayuda y protección del Estado.

El sector restaurantero no ha sido la excepción en desplomarse ante la incertidumbre. En primera instancia, se sumó a la estrategia sanitaria para afrontar la expansión del Covid-19, seguido de la baja total en las ventas; luego, los resultados negativos en la estrategia de comida a domicilio o comida para llevar produjeron su cierre temporal indefinido sin orden oficial decretada por el Gobierno.

A pesar del Gobierno haber puesto en funcionamiento una línea de garantías para permitir acceso a liquidez a micro, pequeños, medianos y grandes empresarios del sector turismo (donde caben algunos de restauración) durante la vigencia de la Emergencia Económica y Sanitaria, esta medida no será suficiente para mantener el pago de las obligaciones de los restaurantes. Para el caso de las nóminas, éstas no minimizarán los efectos negativos en el empleo. Tampoco subsanará las dolencias radicadas principalmente en los altos costos de los arriendos e impuestos, más aún con cero ingresos.

Hasta el momento, continúa sin tomar medidas frente a la petición presentada por el gremio de restaurantes, ACODRES, de congelar los contratos de arrendamientos mientras dure el cierre, de tal manera que no haya pago del canon por el periodo de suspensión, ni pérdida de derechos de ninguna de las partes. Sobre la disposición solicitada de detener el pago de obligaciones bancarias durante el periodo de cierre, ha sido un aliciente. Sin embargo, no  ha manifestado extender el plazo para la liquidación de las contribuciones parafiscales del primer trimestre con el fin de mejorar el flujo de caja; y el mes otorgado a las declaraciones del IVA y del impuesto al consumo resulta definitivamente insuficiente.

Al parecer, el único beneficio contemplado puede ser eliminar temporalmente el IVA del arriendo, medida que no alcanzará a mitigar el impacto destructivo con  la posibilidad de recuperar el sector por lo menos a mediano plazo. Desde ya se logra percibir innumerables empresas cobijadas en la ley de quiebra, más de un millar de desempleados, y un sector sin posibilidad alguna de crecimiento.

Teniendo en cuenta que la gastronomía ha representado una oferta de gran valor para el desarrollo del turismo del país, éste también se verá afectado.  El turismo hasta hace poco movió más de cinco millones de  extranjeros,  siendo uno de sus principales motivos para los visitantes la posibilidad de descubrir un país con una excepcional riqueza culinaria.

Es el momento conveniente para apoyar actividades generadoradoras de valiosos recursos aportantes a la Economía Naranja, como es la gastronomía, más aún teniendo en cuenta el complejo momento que se avecina. Necesariamente se deberán hacer cambios en los pilares que tradicionalmente han sostenido  la economía nacional.

Para los países en crecimiento, y de gran valor biocultural como Colombia, después de la crisis del coronavirus, el nuevo Plan de Desarrollo imperiosamente deberá incluir el apoyo al fortalecimiento de agricultores, pescadores, de bienes, usos y consumos tradicionales y de la biodiversidad. Soporte que los cocineros locales han venido trazando en beneficio de fortalecer la identidad,  un recurso aplicado en las estrategias de marca y posicionamiento de algunos países; así como una nueva perspectiva de crecimiento económico, a pesar de estar forzosamente limitados a la falta de disponibilidad de factores productivos y a procesos anacrónicos.

La inseguridad alimentaria acecha, la pobreza monetaria crece; aún así  el aprovechamiento de tierras fértiles para cultivar, el incentivo de zoocriaderos de especies locales, el reconocimiento de bebidas tradicionales, utensilios, claves para el desarrollo del primer eslabón de la cadena productiva gastronómica, se mantienen en estado estacionario, sin considerar necesarias la adopción o generadores de innovación que permitieran nuevas posibilidades de inversión y apertura de nuevos mercados.

Gaseosa no puede matar tinto. Para el Gobierno y  el equipo económico, el paquete de medidas debería favorecer a todos los sectores, sin exclusión.

Proteger al sector inmobiliario debe ser tan importante como al  gastronómico.  Tal vez, los arrendamientos de locales comerciales se han convertido en el último año en un fuerte dinamizador de inversión, debido a que el subsector de servicios de alquiler es del orden del 10 % del PIB Nacional, mientras que la gastronomía alcanza el 3,0 % a pesar de generar más de 1,5 millones de empleos entre directos e indirectos. Cifra última que podría incrementarse notoriamente si en el corto plazo la tarea para favorecer al sector se enfocara en el  impulso de todas las actividades relacionadas con éste: agricultura, pesca, la industria de la alimentación, turismo. La sumatoria afectaría positivamente  toda la cadena de valor,  reflejándose en un porcentaje más representativo al PIB Nacional, y por supuesto, en la identidad aportante al desarrollo.

Mientras tanto, uno de los actores principales de la cadena productiva, los restaurantes, suben sin acompañamiento al bus de la crisis, sosteniéndose fuerte e imaginando todo aquello posible para que el golpe no los finiquite.

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