Por: Gonzalo Silva Rivas

Gato por liebre

Justa o injustamente las aerolíneas comerciales suelen conformar el penoso pelotón de compañías con menor reputación entre los consumidores.

En varios países comparten los bajos índices de aprobación con empresas de telefonía móvil, banca y proveedores de Internet. Sus características de servicio público esencial, estratégico y de consumo masivo, junto al alto valor de sus tarifas, las colocan en el ojo del huracán y ante el menor desliz son blanco perfecto de reclamaciones o demandas.

Las quejas por deficiencias de servicio, que las hay de todo tipo, son pan de cada día. Aunque el pico más alto se da por demoras y cancelaciones de vuelos, pérdida o retraso de equipajes y sobreventa de tiquetes, adquieren relevancia las generadas por excesos y abusos de personal a bordo como en tierra, discriminaciones físicas y suministro de alimentos.

La de mayor cuestionamiento en el sector, acusada múltiples veces de tratamiento ofensivo hacia los pasajeros, es la gringa de bajo costo Southwest. Hace poco negó el abordaje del actor Kevin Smith por no adquirir dos sillas para depositar en ellas su voluminosa masa corporal; y bajó del avión a la afectuosa actriz Lesiha Heile al ser pillada infraganti besando a su novia, minutos antes de que iniciara el carreteo. Ahora, denunciada por una viajera a quien intentaron impedirle tomar el vuelo por llevar, según la azafata, un escote inapropiado, debió disculparse y reembolsarle el billete, luego de que aquella demostró con propiedad que ni el piloto infartó ni la nave hizo explosión.

Delta Air Lines también acaba de involucrase en costosa acción judicial interpuesta por cuatro pasajeros que asombrados descubrieron agujas de coser en los sándwiches ofrecidos a bordo. Y American Airlines, en reciente y grave hecho ocurrido durante su más difícil coyuntura económica, fue demandada en 790 mil euros por la familia de un usuario que falleció horas después de haber ingerido pollo, aparentemente en estado de descomposición, durante vuelo Barcelona – Nueva York. La bacteria responsable solo causa la muerte por deshidratación aguda, pero todo se complicó, según la denuncia, ante la inadecuada atención que recibió el enfermo dentro del avión.

Y ante la insólita querella contra una aerolínea singapurense por un cliente engañado, quien cuestionó que el confit de pato que figuraba en la carta no era más que una insípida carne de reno, podría pensarse que en el mercado aéreo los pasajeros son ahora menos proclives a dejarse meter gato por liebre.

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