Sombrero de mago

Gobierno “mala papa”

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La papa, originaria de América, de los Andes peruanos, salvó a los europeos de otra peste devastadora: la de las hambrunas. La introducción de la papa en Europa fue una revolución a partir del siglo XVI y, aunque no se popularizó de inmediato, su presencia influyó en los hábitos alimenticios, en la percepción del mundo culinario y en la disminución incluso del reclutamiento de campesinos para las guerras feudales.

A Inglaterra, por ejemplo, la introdujo Sir Walter Raleigh (quien también llevó el tabaco). Al principio, tuvo rechazos y sospechas. Los ingleses no la consideraban digna de sus paladares y de sus mesas. Uno de los impulsos mayores para el consumo de papa, alimento que en un momento también se consideró venenoso, se debió a Antoine-Augustin Parmentier, farmacéutico francés, apresado por los prusianos en la Guerra de los Siete años. En la cárcel, se alimentaba con papas a los prisioneros. Se creía que el tubérculo podría matarlos con lentitud debido a presuntos componentes venenosos. Sucedió lo contrario: más los alentó.

Parmentier descubrió las bondades nutritivas de la papa. Ganó en 1777 un concurso de soluciones alimentarias promovido por una academia, debido a las hambrunas que azotaban Francia. Convenció al rey Luis XVI de que le cediera tierras para el cultivo de papa (la pomme de terre o “manzana de tierra”, la llaman los franceses) para demostrar, de paso, que esta maravilla crecía en terrenos difíciles. Además, mezclando su sabiduría en química, nutrición y agronomía, Parmentier organizó cenas de agasajo con platos basados en la papa. Luego inventó el pastel de papa. Nadie resistió la tentación.

El tubérculo de los incas calmó hambres a granel en Europa. Sin embargo, un desastre en su cosecha por la presencia de una plaga, en 1847, produjo una de las hambrunas más terribles de la historia en la que murieron en Irlanda, entonces una suerte de colonia británica, más de un millón de personas, al tiempo que otro millón y medio tuvo que emigrar (la mayoría a Estados Unidos).

Y así como la papa solucionó, por ejemplo, las hambrunas a los prusianos en los tiempos de Federico el Grande, ciertas disposiciones sobre el mercado y las cosechas (además de la plaga) causó la gran mortandad irlandesa. La papa, que había salvado en otros tiempos a los de la sufrida Irlanda, también, por su ausencia catastrófica, los sepultó. “Si bien las continuas pérdidas de cosechas de papa ya eran en sí una gran tragedia para el pueblo irlandés, historiadores (como James Donelly, por ejemplo) coinciden en que las acciones del gobierno británico, entonces en manos de los Whigs (antiguo Partido Liberal), amplificaron sus efectos”, según un informe de BBC News Mundo.

Hoy, la gran tragedia se manifiesta para los paperos colombianos. Y las causas del desastre no están en la pandemia, sino, en esencia, en los leoninos tratados de libre comercio suscritos por Colombia con un espíritu antinacionalista. Ya se conoce con creces que desde los tiempos de la nefasta apertura económica de los noventa, muchas industrias se fueron a pique, entre ellas las de la producción agropecuaria. Los paperos, entre ellos los afiliados a Dignidad Papera, han solicitado del gobierno (un gobierno que se ha caracterizado por la propalación de mentiras a granel) que no se siga importando la papa precocida de Europa, en particular de Bélgica. Los productores atribuyen la caída de los precios al aumento de la importación del tubérculo, sus altos costos de producción y a la falta de inversión en el campo.

Hay que recordar que, con la desastrosa apertura económica (y después con los tratados de libre comercio), se acabó la sustitución de importaciones, se abrieron las fronteras, se terminaron los créditos de fomento y los distritos de riego y el mercado interno sufrió una debacle. El neoliberalismo impuso su credo y quebró a decenas de productores agrícolas e industriales. El empresario Jimmy Mayer, en una reciente entrevista en el diario El Tiempo, dijo que “mientras no apoyemos a la industria y el agro como fuentes de riqueza, gracias a su capacidad de generar empleo y oportunidades, no vamos a salir de esta situación” y llamó a renegociar los tratados de libre comercio.

Por su parte, el senador Jorge Robledo, al solidarizarse con los paperos colombianos y rechazar de nuevo los tratados de libre comercio, afirmó que “es el colmo que importaciones de papa desde Alemania, Bélgica y Holanda, países de muy altos ingresos, estén arruinando a los paperos colombianos. Y más colmo es que el gobierno de Iván Duque alcahuetee esa masacre económica de campesinos y pequeños empresarios”.

La crisis de los paperos demuestra, una vez más, el carácter antipatriótico del gobierno, su arrodillamiento ante los intereses foráneos y el desinterés por la producción nacional. Causa una enorme tristeza, además de una indignación sin límites, la situación de quiebra de nuestros paperos. ¡Qué gobierno tan “mala papa” es el de Duque!

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