Por: Catalina Ruiz-Navarro

Gracias por nada, presidente Duque

Se llena la boca el presidente Duque con el cuento de que su “gabinete paritario” y su “primera vicepresidenta” son la prueba de que en Colombia se superó la brecha de género. En la última edición de la revista Semana, en un artículo supuestamente escrito por él , afirma que “la mujer es parte neurálgica de la economía creativa, la ciencia y la tecnología; así como un pilar de los hogares y de las familias. Su entrega y laboriosidad es innegable”. El primer error del presidente, desde tiempos de campaña, es que piensa que hay una suerte de entidad metafísica y monolítica: “La Mujer”, que es un dechado de bondad como la Virgen María, laboriosa como una hormiga u otros insectos, más inteligente y mejor en todo sentido que los hombres, pero sin cara, sin nombre ni apellido y, por supuesto, sin poder.

Luego el presidente nos habla de sus sueños: “Un país donde todos” (pero no todas) “podamos enfrentar las desigualdades y los problemas que afectan a La Mujer”. Luego pasa a exprimir sus exiguos logros como congresista y se ufana de habernos alargado la licencia de maternidad, algo que no nos sirve de nada, porque para empezar La Mujer que él imagina seguro que siempre es madre, pero esto no aplica a las mujeres de verdad. Alargar la dichosa licencia solo ayuda a que las mujeres en edad reproductiva suframos aún más discriminación laboral. Lo que necesitamos, presidente, es que se amplíen las licencias de paternidad a ver si los hombres “ayudan” con la casa y la crianza de los hijos. Gracias por nada.

También nos enrostra a la vicepresidenta, una mujer que llegó a ese puesto gracias a las luchas feministas, pero para hacernos pistola, pues está aliada con las peores encarnaciones del patriarcado en este país. A Duque también le parece buenísimo que cada vez haya más mujeres en el Ejército; es decir, él ve como un avance que pasemos de víctimas a perpetradoras en el contexto del conflicto. Supuestamente va a lanzar “políticas públicas para empoderarnos”, lo que sea que eso signifique, y “acciones que van a cerrar de verdad las brechas”. El presidente está desperdiciando su talento como astrólogo del dominical. “Lo que quiero es que La Mujer pueda progresar en Colombia sin sentirse jamás discriminada y mucho menos violentada”. Pero ni la discriminación ni la violencia son sentimientos, hacen parte de un gran problema estructural. ¿Cómo carajos van a salir adelante las mujeres en Colombia a pesar de su impuesto a la canasta familiar, que, por supuesto, jode a las mujeres más vulnerables? A las mujeres también nos impactan más los obstáculos para acceder a la educación (para la cual “no hay plata”). Y entre esos obstáculos se cuenta la violencia sexual y el acoso que sufrimos desde niñas, y los embarazos no deseados, pero el presidente no va a hacer nada para garantizar nuestro derecho a abortar. ¿Cuánto dinero ha destinado Duque para que su “sueño” (es su palabra favorita) de equidad se haga realidad? La respuesta no deja muy bien parado al Gobierno, pero seguro si nos quedamos calladas suficiente tiempo Duque llenará el incómodo silencio empezando a cantar.

¿Sabe qué sí puede hacer por las mujeres de Colombia, presidente Duque? Implemente por fin el Acuerdo de Paz. El movimiento de mujeres en Colombia ha aplazado por décadas la agenda feminista internacional para poner como prioridad el fin del conflicto y la construcción de paz. Las mujeres de los territorios son quienes saben cómo arreglar este país, no porque de sus cuerpos emanen bondad y sabiduría mágicas, sino porque ellas llevan en el cuerpo el conflicto, lo sobrevivieron, saben mejor que cualquier político lo que está en juego y lo que podemos perder. Déjenos construir la paz, presidente, y luego nosotras nos encargaremos, también, de que en este país haya igualdad. Nuestro poder y nuestra libertad no serán dados por un machito en el Gobierno de turno, vendrán de nuestra mano, nuestro trabajo colectivo; usted puede ayudar o estorbar, y eso solo tendrá un impacto en cuánto tiempo nos tomó llegar a una verdadera igualdad, que será más que contar cabezas de mujeres privilegiadas en un gabinete, que implicará una verdadera justicia para esas mujeres de a pie que hoy se rompen la cabeza para ver cómo pagan los nuevos impuestos, porque la dichosa economía naranja no reconoce nuestro trabajo reproductivo y de cuidado y no nos permite ahorrar, ni acceder a tierras y propiedades, ni nos ha sacado de la pobreza y la economía informal.

@Catalinapordios

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Catalina Ruiz-Navarro

La caja de Pandora

Las buenas víctimas

Néstor Humberto Martínez debe renunciar

Si no incomoda no es protesta

Las mujeres son las garantes de la paz