Por: Patricia Lara Salive

Gracias, presidente Santos

En una foto tomada en 1962 por Nereo López, titulada Agradecimiento a Alberto Lleras y expuesta en la galería La Cometa, aparecen, en una camioneta, 15 hombres jubilosos, con sus brazos en alto, saludando a alguien que se asoma por una ventana. Detrás, desde un balcón, diez monjas observan complacidas la escena. Ese alguien es el presidente Alberto Lleras, quien terminaba su mandato. Y la gratitud que revelan esos rostros obedecía a que Lleras había acabado con la Violencia entre liberales y conservadores, la cual había durado 12 años y había dejado 300.000 muertos.

Pero después, por los incumplimientos del Estado, por el ataque militar a Marquetalia del gobierno de Guillermo León Valencia y por los asesinatos a exguerrilleros como Charro Negro y Guadalupe Salcedo, esa violencia mutó… Y se crearon las Farc. Y ya no fue la Violencia sino el Conflicto, estimulado por la inequidad en la distribución de la tierra y por la exclusión política que para muchos, como los comunistas o los miembros del MRL, dirigido por Alfonso López Michelsen, significó el Frente Nacional, ese pacto de repartición del gobierno entre godos y liberales, propiciado por Lleras y por el conservador Laureano Gómez, el cual si bien frenó la Violencia, al establecer durante 16 años la exclusión del poder de fuerzas distintas, favoreció que más tarde se extendiera la confrontación. Y esa guerra duró 52 años y dejó ocho millones de víctimas.

Y gracias al presidente Santos terminó casi por completo. Y si el nuevo presidente es inteligente y, con disimulo, sigue el rumbo de Santos, la violencia se acabará para siempre porque están puestas las bases para que la paz completa se vuelva realidad.

Y esas bases son un Acuerdo de Paz que desmovilizó a la guerrilla más antigua de América Latina; consolidó la apertura democrática, demostrada en las pasadas elecciones, las más pacíficas y pluralistas que haya habido; les abrió la puerta a opciones radicalmente opuestas; les quitó a otras fuerzas los argumentos para justificar la lucha armada con la disculpa de que no hay garantías, e inaugurará este 20 de julio el Estatuto de Oposición.

Pero ese Acuerdo contiene otros puntos cruciales que le corresponde al nuevo gobierno no entorpecer: el desarrollo de la Justicia Especial para la Paz y demás instituciones que garantizan los derechos de las víctimas, y la aprobación y puesta en marcha de la Reforma Rural Integral sin cuya ejecución, escúchelo bien, presidente Duque, estallará en nuestros campos una guerra civil, en la que ya no participarán las Farc y el Eln, sino los campesinos que clamarán por su tierra.

Queda por resolver el problema de los cultivos ilícitos. Para lograrlo se requiere invertir un montón de trillones en la sustitución de cultivos contemplada en el Acuerdo, y disponer de una fuerza militar que combata con eficacia a los carteles de la droga, con los cuales trabajan reductos de los antiguos grupos armados.

Y falta por completar la paz con el Eln. Pero se ha avanzado en ella. Y a Duque le corresponderá demostrar que es capaz de lograrla.

Sin embargo, usted, presidente Santos, ya ha hecho demasiado. Ya tiene derecho a descansar y, como premio Nobel de Paz, recorrer el mundo enseñando cómo hacer la paz cuando parece imposible. Y no deje que lo amargue la ingratitud de este país: algún día nuestros nietos mirarán su foto con el mismo agradecimiento con que los colombianos miraban a Alberto Lleras en la fotografía de Nereo.

¡Muchas gracias, presidente Juan Manuel Santos!

www.patriacialarasalive.com, @patricialarasa

 

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