Hablemos de aborto

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Mientras usted lee esta columna alguna mujer está abortando o está tomando la decisión de interrumpir su embarazo. Muchas mujeres, miles, cientos de miles han abortado en el mundo y lo seguirán haciendo. En la mayoría de los casos en Colombia, ese procedimiento se realiza en medio de condiciones de riesgo para la salud de las mujeres y en servicios clandestinos. A pesar de que hoy está despenalizado en los tres casos establecidos por la Corte Constitucional, el acceso al aborto legal sigue sometido a todo tipo de dificultades. Ahora se abre otra discusión que va más allá porque un grupo de organizaciones reunidas en el movimiento Causa Justa ha planteado una demanda contra el artículo 122 del Código Penal para que el aborto deje de ser un delito. La Corte Constitucional acaba de aceptar para estudio esa demanda.

Lo he dicho en varias oportunidades en este espacio: jamás nos pondremos de acuerdo en toda la sociedad sobre temas complejos que tocan fibras sensibles de los seres humanos. La interrupción de un embarazo es una de esas decisiones personales y por eso cada una debería tener la posibilidad de decidir en plena libertad y atendiendo a su propia conciencia. No se trata de pensar igual, se trata de dar opciones para que las mujeres puedan decidir en condiciones sanas, de protección de su vida y su salud física y mental. Si una mujer quiere la maternidad, le debemos garantizar seguridad y salud en su embarazo, y si no quiere, también debe tener derecho a la protección real y efectiva del Estado.

Lo que debemos esperar de la Corte Constitucional, que en buena hora ha abierto puertas para hablar de temas que debemos abordar en el mundo de hoy, es que el análisis de la demanda se haga en el marco de la Constitución y de la ley. Las iglesias seguramente estarán listas para dar sus opiniones y lo han hecho siempre, pero no se nos puede olvidar que las creencias de un grupo en particular no nos obligan como sociedad y que aquello que nos unifica es una Constitución que respeta todas las creencias y promueve la pluralidad de pensamiento y la libertad de decisión. Lo digo desde mi condición de creyente que respeta a quienes no lo son y desde la firme convicción de que mis creencias no deben imponerse a nadie.

El aborto es un asunto de salud pública y es momento de hablar de su regulación más allá del Código Penal. Cómo hacerlo, en qué circunstancias, con qué límites, hasta qué momento… estas y más son decisiones que debemos adoptar colectivamente, fruto de un debate sano y democrático. Según las estadísticas que reporta el colectivo Causa Justa, solamente entre el 1 % y el 9 % de los abortos se practican dentro del sistema sanitario y eso se concentra en las principales ciudades. Las mujeres más vulnerables, las más jóvenes, las menores de edad, las víctimas de violencia sexual son las que tienen mayores dificultades para acceder a un aborto seguro en los casos hoy despenalizados. Esas mujeres siguen abortando en condiciones precarias y poniendo en riesgo sus vidas.

Es momento de hablar del aborto. Es momento de escuchar a las mujeres, a los expertos en salud pública y en derechos reproductivos, y a quienes puedan aportar elementos para tomar la mejor decisión. Otros países han avanzado en ese camino complejo y lleno de matices. El escenario que se abre en la Corte Constitucional nos puede permitir escucharnos, ver de frente la realidad de las mujeres y encontrar alternativas para asumir de mejor manera este reto. Hablemos de aborto. Mientras damos vueltas en torno a la mejor manera de regularlo, miles de mujeres lo viven en condiciones atroces.

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