Por: Óscar Alarcón
Macrolingotes

Hace 50 años

En 50 años pasan muchas cosas. El 29 de julio de 1967, en vísperas de que se le entregara el Premio Rómulo Gallegos a Mario Vargas Llosa por su novela La casa verde, hubo un terremoto en Caracas en donde sufrieron los más vistosos edificios, en los elegantes barrios Palos Grandes y Altamira. Con motivo del evento literario se congregó en la ciudad lo más granado de la intelectualidad latinoamericana, certamen que estuvo a punto de fracasar por los hechos de la naturaleza. Allí se conocieron las dos estrellas de la novelística del momento: Vargas Llosa y García Márquez.

Emir Rodríguez Monegal (uruguayo), quien por esos años dirigía la revista del boom, Mundo Nuevo, llamó a ese par de escritores una “pareja dispareja”. “Mario, decía, es cumplidísimo caballero. Para García Márquez, en cambio, el ideal sartórico es el lejano oeste: su cuerpo anda ceñido a unos blue jean que fueron azules y está siempre coronado por unas camisas a cuadros o unos inmensos suéteres de boxeador” (Número 17. Noviembre 1967).

Vargas Llosa se ganó 22.000 dólares de la época y según el mismo Rodríguez Monegal, “él ha aceptado el premio porque no supone ninguna adhesión política. Es muy conocida la simpatía de Vargas Llosa por la causa del socialismo y por la Revolución cubana. Mario teme que se puede confundir su aceptación del premio con la aceptación de un régimen”. El presidente venezolano era Raúl Leoni, de Acción Democrática.

Han pasado 50 años. El viejo expresidente y novelista Rómulo Gallego jamás conoció a Chávez y mucho menos a Maduro. Ya el cronista (Rodríguez Monegal) murió, también García Márquez, Vargas Llosa odia a la Revolución cubana, a su amigo de entonces lo llama “artista” y hoy lo único que tiembla en Venezuela son las instituciones.

¡Cómo cambian las cosas en solo 50 años!

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