¿Cómo hacer para que el mandato anticorrupción no quede en el aire?

hace 7 mins
Por: José Manuel Restrepo

Hacia un acuerdo nacional

Al momento de entregar esta columna no se cuál es el resultado de la participación de nuestra selección Colombia de Fútbol en el Campeonato del Mundo. Lleno de confianza en los jugadores, en su talento y en su entrega, y sobre la base que logremos sacar nuestro mejor juego, no me cabría duda de que avanzamos, sin embargo, así no lo hagamos, y valorando lo realizado, la selección Colombia ha logrado lo que los políticos, medios y líderes de opinión no han sido capaces: reunirnos en torno a un propósito nacional. Convocarnos a que tengamos una esperanza como nación y descubrir de lo mucho de lo cual somos capaces, cuando nos ponemos de acuerdo, digo yo, en algo.

A mí aún me sorprenden algunos activistas en redes sociales, algunos columnistas e incluso algunos políticos perdedores que siguen insistiendo en la diferencia, en la distancia, en una inútil “resistencia” que lo único que logra es desenfocarnos de un verdadero propósito nacional. Son tan profundas y complejas nuestras necesidades, que insistir en lo que nos diferencia, y no en aquello que nos reúne, resulta el peor de los negocios y la peor receta para encontrar una mejor nación para todos. Una más próspera, más equitativa, más tolerante, más competitiva y más justa.

Lo más valioso que sucedió el 17 de junio con las elecciones en Colombia fue esa parte de los primeros párrafos del discurso del presidente electo cuando afirmó que iba a dedicar todas sus energías a unir nuestro país y a continuación expresaba “¡No más divisiones, pensemos en un país con todos y para todos!... Se trata hoy, más que nunca, de unir a nuestro país, de construir, porque cuando se construye y no se destruye el futuro es de todos los colombianos”. Este mensaje es el mismo que a diario repiten la mayoría de colombianos, ahora animados por los resultados y esfuerzos de nuestra selección, para enfrentar los enormes retos que tenemos delante.

Justo por lo anterior celebro el esfuerzo que construyeron la academia, la ANDI, el Consejo Privado de Competitividad, McKinsey, Proantioquia, el BID, Fenalco, Camacol, la Corporación Excelencia por la Justicia, entre otros actores, por convocar más de 200 especialistas y personas reconocidas del país, para a través de talleres de construcción colectiva aportar las primeras ideas de un gran acuerdo nacional, que permita reunirnos como sociedad en un propósito nacional. Se trata de más de 200 iniciativas que se empiezan a delinear, con metas precisas de hacia dónde debería caminar Colombia en educación, adulto mayor, salud, justicia y lucha contra la corrupción, desarrollo y crecimiento económico, eficiencia del Estado y fortalecimiento del tejido social.

Este esfuerzo apenas comienza, pero muy rápidamente ha tomado la decisión de abrir las eventuales propuestas e iniciativas a muchos más actores sociales e incluso a toda la ciudadanía a través de espacios abiertos en las redes y plataformas sociales, de tal forma que en un mes el país tenga un rumbo compartido de navegación que nos reúna antes que dividirnos. ¿Cómo dividirnos? Cuando como propone el acuerdo es posible lograr el 5 % del PIB adicional en inversión, generar cinco millones de empleos (la mitad de ellos nuevos y la otra de formalización), alcanzar un crecimiento medio del 5 % anual en el PIB, llegar a los primeros tres lugares de los países de Latinoamérica en el índice del WEF en eficiencia gubernamental, avanzar en la reducción a cero de la pobreza extrema y generar mejoramientos significativos en materia de equidad.

Y la verdad, todo lo anterior es posible cuando haya un país reunido en un propósito común. Ejemplos exitosos de lo anterior los hay en el mundo, pero uno muy cercano fue el acuerdo nacional para la transición a la plena democracia de Chile en 1985, en el que cercanos y opositores al régimen de Pinochet fueron capaces de construir un acuerdo que, por ejemplo, en economía se propuso asuntos similares a los que buscamos como superación de la pobreza extrema, tasas altas de crecimiento, equilibrio en las relaciones trabajadores-empleados, garantía constitucional del derecho de propiedad, entre otros asuntos.

Si ellos fueron capaces, y nuestra selección nos ha invitado a ello, ¿entonces por qué no hacerlo?

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