Por: José Fernando Isaza

Historia

La última encuesta de Cifras y Conceptos sobre la intención de voto para las próximas elecciones presidenciales muestra un avance de los candidatos del centro izquierda sobre los de extrema derecha. La candidatura liberal de Humberto de la Calle aumentó la intención de voto al 10 %. Por supuesto que hace falta mucho trecho para que se consoliden las candidaturas; es de esperarse que tan pronto se defina “el que diga Uribe”, su pupilo aumentará significativamente la intención de voto. A lo anterior debe agregarse que es más factible una unión de la extrema derecha que del centro, por lo cual es imperativo, para no retroceder en los tímidos avances sociales, políticos, de derechos de tercera generación, que las fuerzas de centro e izquierda moderada se consoliden antes de las elecciones del Congreso.

Una alianza sólida de fuerzas que representan Fajardo, Claudia López, Jorge Enrique Robledo, Humberto de la Calle y Clara López permitiría que su candidato llegue a la segunda vuelta. Adicionalmente obtendrían una importante votación para el Congreso. No es realista pensar que sin los anteriores líderes las listas al Congreso tengan mucho éxito. Se perdería además la presencia de los mejores parlamentarios.

Pretender una unión alrededor de quien tenga la mayor votación en la primera vuelta o en las parlamentarias, más que riesgosa, es suicida. El umbral para el Senado en las próximas elecciones estará rondando en los 300 o 400.000 votos; no parece factible con una atomización del centro e izquierda moderada que puedan llegar al umbral, si no están en las listas los reconocidos líderes, con la obvia excepción de quien sea escogido como el contendor para la elección presidencial.

Aunque no pueden sumarse las intenciones de voto y falta el “dedazo” del Centro Democrático que hará que el candidato sume más que los cuatro precandidatos. Una primera lectura de las encuestas da 40 % centro izquierda, 26 % derecha, 18 % izquierda fundamentalista, indecisos 16 %.

De seguir comportándose la débil alianza como los partidos viejos, que ponen primero sus aspiraciones personales sobre la conveniencia del país, con alta probabilidad en la segunda vuelta el país escogerá entre la derecha y la extrema derecha. La probabilidad de una polarización que lleve a una elección en la que al final vaya un candidato de la extrema derecha y uno de izquierda fundamentalista es bien baja. Difícilmente Petro, quien se mantiene en las primeras posiciones, podrá tener una votación mayor al 20 % o 25 % , aun si se le suman los apoyos de Piedad Córdoba y los pocos votos de Rodrigo Londoño, alias Timochenko.

El estribillo “la izquierda unida jamás será vencida” no se ha convertido en una realidad en Colombia; por el contrario, una caracterización en el país más cercana a la realidad sería “la izquierda unida jamás será izquierda”. Los integrantes de la coalición del centro izquierda tienen una responsabilidad que no pueden eludir: de no deponer a tiempo sus intereses personales y así evitar el ascenso de las fuerzas más retardatarias, serán juzgados implacablemente por las víctimas del conflicto, por quienes consideran que los acuerdos son para cumplirlos, que es mejor un país en paz que en guerra, que los derechos de las minorías étnicas, las opciones sexuales y las preferencias políticas deben respetarse. No pueden apelar al fallo de la historia; con justicia puede decirse que esta no los absolverá.

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