¡Histórico! No pasó nada (hasta ahora)

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El término “histórico” se usa comúnmente con ligereza. Pero la decisión de la Corte Suprema de ordenar el arresto domiciliario al expresidente Álvaro Uribe hace una semana claramente amerita semejante calificativo, por varias razones.

Aunque en el resto de América Latina ver a un expresidente detenido no es extraño, en Colombia era inédito. No se trata, además, de cualquier expresidente. Gústenos o no, Uribe es la figura política más sobresaliente de la Colombia contemporánea. Desde 2002, él o el candidato que él apoyó ganó todas las primeras vueltas en las elecciones presidenciales y todas menos una (2014) de las segundas vueltas. Más a la derecha que cualquier político colombiano desde Laureano Gómez, Uribe le arrebató al Partido Conservador su espacio tradicional, a la vez volviendo añicos a su antiguo partido, el Liberal, lo cual propició una reconfiguración del sistema de partidos. Su discurso de mano dura contra las FARC produjo réditos electorales y su política de seguridad alteró la correlación de fuerzas en el conflicto armado. Su doctrina de negación del conflicto armado, calificándolo como amenaza terrorista, desconoció la política de sus cinco antecesores y fue configurando una narrativa que caló en buena parte de la sociedad colombiana.

Por ello, quizá lo más histórico de lo que ha sucedido, tratándose de semejante personaje, es que tras el anuncio de la Corte no haya pasado mayor cosa. Se especulaba por parte de prestigiosas columnistas que, en caso de un encarcelamiento de Uribe, el país se encendería. Sí se han presentado una que otra caravana a su favor, pero hasta ahora no se han visto las hordas de seguidores que se acamparon inmediatamente y durante meses en frente del sitio de detención cuando Lula fue arrestado en el Brasil, por ejemplo. La propuesta de Paloma Valencia de convocar una asamblea nacional constituyente para reformar las cortes tuvo la misma resonancia que el llamado de Petro hace unas semanas a la desobediencia civil, o sea ninguna. La tesis según la cual la decisión unánime de la Corte fue consecuencia de una conspiración de la izquierda radical internacional no ha sido convincente. Todos los seguidores de Uribe expresaron su desacuerdo con la determinación de la Corte, incluyendo Duque, pero todos, incluyendo Duque, también dijeron que de todas maneras había que respetar la justicia.

El proceso jurídico apenas arranca, la detención domiciliaria dura hasta 12 meses, viene el llamado a juicio y luego el juicio. Mientras tanto, el país se irá acostumbrando a Uribe bajo arresto y el uribismo tendrá que adecuarse a esa nueva realidad.

Como primer termómetro, el hecho de que esta semana no haya pasado nada arroja un balance favorable a la institucionalidad. Sin embargo, esto no quiere decir que no pueda suceder algo hacia adelante. Hay un núcleo duro de uribistas furibundos, ahora más enardecidos que nunca, dispuestos a dar el todo por su jefe. Ya están rodando unos videos amenazantes de supuestos paramilitares, capaces de cualquier cosa.

Para el uribismo, la mejor defensa es un buen ataque. Aunque la comparación entre los casos Santrich y Uribe en lo jurídico no tiene ni pies ni cabeza, en lo político y lo mediático es muy poderosa. Arreciarán los ataques contra la JEP y la Comisión de la Verdad. Los papayasos de FARC los ayudan. Y les quedan, para fortunio suyo y desgracia del país, dos años más de Duque.

Uribe, para el uribismo, no es un expresidente sino el presidente eterno. Con Uribe bajo arresto, aunque el uribismo no se acaba e incluso se puede fortalecer en el corto plazo en defensa de su líder, sí tendrá el reto de reorganizarse sin él en el mediano y largo plazo. Aún antes, Uribe venía cayendo en las encuestas y el uribismo había sufrido un duro revés en las elecciones regionales de 2019. Pero cuenta a su favor con una narrativa poderosa y unos malos claramente definidos: las FARC y el castrochavismo. Es además la expresión política de la cultura paraca y las clases narcoemergentes. Tiene una especial raigambre regional, en particular en las zonas paisas. Más bien, la pregunta es: ¿Por qué Colombia produjo el uribismo y si puede reproducirse sin Uribe?

Una cosa es el futuro de Uribe, que se determinará en los estrados judiciales. Otra es el futuro del uribismo el cual es necesario derrotar en las urnas en 2022, lo cual también será histórico.

danielgarciapena@hotmail.com

* Profesor de la Universidad Nacional de Colombia y Director de Planeta Paz

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