Por: José Fernando Isaza

Inconsistencias

Es políticamente correcto afirmar que la educación debe formar ciudadanos con espíritu crítico, con pensamiento propio, con la capacidad de cuestionar verdades reveladas. Sin embargo, el mensaje de los gobiernos es el opuesto. Se estigmatizan las voces de oposición, herederas de la formación crítica, se las denomina “enemigos del progreso, de la patria, etc.”, se busca cercenarles sus derechos, se las llama enemigos del orden establecido. Durante el gobierno del Centro Democrático se las tilda de “castrochavistas” o de ser la “cabeza de la insurrección armada”, convirtiéndolas en objetivos paramilitares. Utilizando la expresión de Álvaro Gómez, puede decirse que “el régimen” no quiere que se formen ciudadanos con capacidad crítica, por el contrario, busca que la educación unifique las ideas alrededor del sistema para que éste no cambie, así tenga fuertes fallas en la distribución del ingreso, la igualdad de oportunidades y el respeto de los derechos de las minorías étnicas, regionales y políticas.

Los planes educativos afirman que la educación debe ser pertinente, es decir, que encaje en las ideas y sistemas socioeconómicos, políticos e ideológicos predominantes. Puede pensarse que la educación busca el objetivo contrario: formar ciudadanos impertinentes. Son los impertinentes los que han permitido los cambios que han hecho progresar a la humanidad. Impertinentes fueron los pensadores del Renacimiento, que cambiaron la concepción geocéntrica del universo, destronaron dioses y pusieron al hombre (en el sentido del ser humano: hombre y mujer) en el centro de la sociedad. Impertinentes fueron los enciclopedistas que hicieron colapsar la idea del origen divino de los reyes. Impertinentes fueron quienes, desafiando el orden establecido, lucharon por la independencia de América Latina. El voto femenino lo lograron las impertinentes mujeres que renunciaron a lo pertinente: permanecer en sus hogares y no intervenir en política. La educación no debe formar ciudadanos pertinentes, debe, por el contrario, estimular las herejías.

El discurso oficial dice que hay un desbalance entre la educación profesional y la técnica, que las 2/3 partes de la educación terciaria están en el campo profesional y solo 1/3 en el área técnica, que al igual que en Alemania debe estimularse más la educación técnica. No se tiene en consideración que, dada la precariedad de nuestra educación básica y media, en no pocas ocasiones un tecnólogo alemán está más capacitado que un regular ingeniero nuestro. La decisión de optar por la educación profesional o la técnica debe ser tomada por el estudiante de acuerdo con sus intereses y capacidades. Parecería que la política oficial es orientar la escogencia del tipo de educación superior por la capacidad de ingreso del estudiante y no por su elección autónoma. Para la estabilidad de quienes detentan los beneficios del poder, lo anterior es muy conveniente, se priva a quienes no tienen recursos económicos de acceder a una formación profesional. Los centros de decisión están ocupados por profesionales, no por técnicos. ¿Cuántos tecnólogos hacen parte del Consejo de Ministros o presiden las grandes entidades del Estado? Es allí donde se deciden las políticas que favorecen o castigan a los diferentes sectores. Esto, unido a la poca cobertura de la educación terciaria en los estratos 1, 2 y 3, garantiza que en las decisiones no participen quienes más requieren de los cambios de políticas.

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2019-08-29T00:00:54-05:00

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